Adiós a Lupi

Juan Carlos Salgado Jaramillo

Quisiera no escribir y pensar que se trata de una pesadilla y que al despertar nuestra querida y respetada Lupi está con nosotros, con su sonrisa y con su alegría.

Pero lo hago con un nudo en mi pecho, el corazón arrugado y con una sensación difícil de describir, porque tristemente hace parte de la realidad y de lo inexplicable, de lo que por mucho que le damos vueltas a la cabeza es difícil de aceptar, porque lo que era fiesta en el Autódromo de Tocancipá, la final del TC 2000, terminó en una tragedia de la que aún no nos podemos reponer. Lupi era energía y una mujer con una gran personalidad, que a su manera se fue metiendo en el corazón del deporte y de la industria. Y se nos fue por culpa de una ráfaga de viento, en un instante, en unos cuantos segundos.

Porque aunque nos cueste aceptarlo, la muerte llega sin pedir permiso y sin permitir reacción alguna, sin darnos otra oportunidad, que ella, por sus hijas, merecía. Se vendrán muchos por qué, pero los mismos no podrán devolvernos a nuestra Lupi, que hoy se despidió en un escenario en el que se sentía plena y feliz.

Se nos fue muy rápido, sin la posibilidad de recorrer los kilómetros que se nos ha permitido a nosotros, con muchas vueltas por dar en esta carrera de la vida, por muchos podios y victorias en los que ella debía estar presente. Lupi, es inevitable dejar escapar lágrimas por tu partida y lo único que nos queda es alimentarnos con tus bellos recuerdos. Gracias por las palabras en la entrevista en Blu Radio y cómo es la vida, ese día lloré al aire de alegría, pero hoy me toca hacerlo de tristeza, porque estaba escrito que hoy era tu último día en este plano material. Sé que algún día, en ese lugar mágico e inexplicable, nos estarás esperando con tu sonrisa y un abrazo rompecorazones. Descansa en paz, Lupi, y sigue brillando desde el cielo…

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