David Alonso, se vale soñar en grande

David Alonso Gómez, en la noche previa al GP de Japón, se dirigió al baño en el cuarto de su hotel, se miró al espejo y al ver su rostro reflejado en él se dijo: “Vas a ser campeón mundial”. Y esas palabras vinieron con un llanto incontrolable, porque estaba a escasas horas de cumplir un sueño infantil, el mismo que comenzó a construir cuando tenía seis años y tras haber experimentado por primera vez las emociones que se sienten un una máquina de dos ruedas.
Quizás fue una premonición, o mejor la certeza de saber que tenía los argumentos para convertirse en el nuevo campeón del Moto3, los cuales fue construyendo a lo largo de una temporada, a la que todavía le quedan cuatro rondas Y lo hizo de manera categórica, con 10 victorias, y quedando a tan solo una del récord de un muchachito llamado Valentino Rossi, quien sumó 11 cuando se quedó con el máximo trofeo de Moto3.
Porque los grandes son así, adelantados, poco conformes y siempre quieren más y más. Y el colombiano, porque así hay que verlo, aunque no haya abierto sus ojos en esta tierra bendita, es diferente, y salió al trazado de Motegi a jugarse entero. Partió en la tercera posición y fue paciente, incluso manteniéndose en la sexta posición durante gran parte de la prueba, pero en las últimas vueltas, como ya es costumbre, dio el zarpazo y con un talento inocultable y a su manera les dijo a sus rivales ‘acá está el campeón, y señores, aunque nací en Madrid, soy colombiano’.
Y digan lo que digan lo es, y nos pertenece esa victoria, porque el himno que sonó fue el nuestro y la bandera que apareció al lado del número 1 con letras doradas fue la colombiana, la tricolor, la del amarillo del oro y de nuestros desiertos, la del azul de nuestros mares y cielos y la del rojo que representa la pasión que corre por nuestras venas. Nos pertenece porque en los libros de la historia quedará registrado que el joven de 18 años, ese que manejaba de manera magistral su moto celeste marcada con el número 80, corría bajo la bandera colombiana, la misma que se ondeó imponente en los podios y pistas del mundo. Y porque se recordarán las imágenes de ese tablero en el podio en el que lucía orgullosa la palabra ‘parce’, que de haber tomado otra elección bien hubiera podido decir ‘tío’.Pero Alonso se decantó por rendirle homenaje a su madre y se la jugó entero por su país, por el nuestro, por el de la tierra de la cumbia y el café que hoy celebra esta victoria con emoción y orgullo. David, el gran David, ya puede dormir tranquilo y de seguro al llegar a la habitación de su cuarto se mirará al espejo y con los ojos llorosos se dirá, con una emoción incontrolable: “Parce, lo hicimos”. Moto2 lo espera en 2025 con los brazos abiertos y los colombianos seguiremos cada una de sus jornadas con atención, ahora será unas horitas después, pero madrugaremos con la ilusión de ver nuestra bandera en lo más alto y escuchar el himno una, dos tres y todas las veces que sea necesario. David, Parce, los colombianos hoy estamos alegres y agradecemos que haya puesto el nombre de nuestro país en lo más alto. Saber que se puede y creer que se puede. Se vale soñar en grande…
Juan Carlos Salgado Jaramillo