El milagro de la Jeep Grand Cherokee en Monserrate
Allí, desde donde el aire falta, se divisa la imponente y bella Bogotá, una ciudad que siempre ha tenido los brazos abiertos, a pesar del maltrato y críticas injustificadas. Podría ser un cerro más, como tantos otros que atraviesan la capital de sur a norte, pero no es así. Es Monserrate, una elevación a 3.152 metros sobre el nivel del mar, un ‘monumento’ que se viste de verde y que en su pico deja ver, con su blanco impecable, uno de los santuarios más importantes del país, en el que se han cumplido miles de promesas y se agradecen milagros, como el acontecido el 29 de noviembre de 2004, un lunes para ser más exactos, cuando una Jeep Grand Cherokee de color gris y de placas BRD 509, logró sortear los miles de escalones por los cuales han caminado millones de fieles y turistas.
Se dice que “quien en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate, no sabe lo que es canela ni tamal con chocolate”. Pero ahora también se puede afirmar que gracias a la idea del Grupo Astara y, en especial a la de Mario Correa, quien fue testigo de esa hazaña, este modelo, bautizado como la ‘leyenda de Monserrate’, ha regresado a la vida. Por que no se equivocan quienes afirman que las cosas tienen alma y si se trata de vehículos, no suena atrevido decir que tienen personalidad, que guardan memorias y que según el trato de sus dueños, se dejan querer y permiten milagros, como el de ese 29 de noviembre.
También se dice que el mundo es de locos y de los que se atreven a ser diferentes y que son precisamente quienes se dan licencia para desafiar lo imposible, soñadores que llaman, los que al final dejan huella y marcan historia, aunque tristemente, muchas de ellas terminan refundidas en los recuerdos de los protagonistas y se van perdiendo con el tiempo, algo que afortunadamente no sucederá con la Grand Cherokee de placas BRD 509, porque por suerte no terminó perdida en un lugar desconocido de la geografía nacional y porque quienes hicieron parte de esa aventura, criticada por unos y elogiada por otros, aún están en este plano material para contarlo.
La idea, de por sí, era una locura y hasta se escucharon comentarios que apuntaban a que los Muiscas, que habían bautizado a Monserrate como “pie de abuelo” y a Guadalupe, su vecina permanente, como “pie de abuela”, se iban a levantar de sus tumbas por la osadía. Pero no era así, pues se hizo con el máximo respeto con el entorno y pidiéndole permiso al Señor Caído, como lo recuerdan Julio César Mejía, Guillermo Olarte, Jaime Villa, Pablo Mejía, Rafael Velásquez y Ricardo Mejía, los protagonistas de esta historia.
Ellos cuentan hoy, y se emocionan al hacerlo, que lo que en ese entonces veían como una gran hazaña, se le ocurrió al Club Saltamontes, cuyos integrantes han llevado por siempre el amor por los 4×4 en las venas y se han caracterizado por desafiar las exigencias de la topografía colombiana. ¿Pero subir a Monserrate en un carro y por las escaleras? ¿Llegar a la ermita que construyeron los españoles entre 1640 y 1657 para evangelizar a indígenas y criollos en una camioneta? Una idea salida de los cabellos, algo imposible y que podría estar rayando la utopía y que, de llevarse a cabo, sería catalogada como milagro.
Pero los milagros sí existen y los planetas se alinearon para que todo fuera posible y para que la celebración de los 25 años del importador de la marca Jeep en el país, Crump América, se diera ‘por todo lo alto’. Así las cosas, se comenzaron a gestionar los 15 permisos que se requerían para el evento y todo parecía estar en regla. Además, se había logrado convencer a un joven de mercadeo (Mario Correa), inexperto en muchas cosas, pero osado y atrevido para dar el sí y poner a disposición dos modelos, la ya mencionada Grand Cherokee, y una Cherokee que se quedó en la parte final, pero que cumplió con una misión importante. Un grupo de 150 personas, un gran ánimo, oraciones previas y una madrugada en la que se enteraron, a las 5:30 a.m., que los bomberos no estaban en el sitio señalado, es decir, se podía cancelar la operación.
Desespero, charlas, llamadas, explicaciones… Y al final fueron las oraciones las que cumplieron efecto y fue así como a las 9:30 de la mañana se dio el banderazo para cumplir el sueño, en medio de las críticas de los ecologistas. Pero cuando el reloj de la basílica marcaba esa hora se encendió el motor de una camioneta ‘stock’, sin mayores modificaciones, porque precisamente lo que se quería probar era que uno de los modelos que transitaban por las calles de la ciudad, tenía el poder de llegar a Monserrate.
Claro, si bien quienes conocen el mundo 4×4 saben que siempre están expuestos a lo desconocido, Julio César Mejía recuerda que hicieron una maqueta con tubos PVC, simulando las medidas de la camioneta, para tener la certeza que el vehículo podía sortear cada uno de los trazados del sendero. “Era obvio que nos tildaran de locos”, recuerda Mejía, pero de seguro quienes los veían se imaginaban que los pecados cometidos por estos enigmáticos personajes eran de grueso calibre y que para limpiarlos debían subir una y otra vez por el sendero, cargando esos tubos a cuestas como penitencia.
Fueron 10 largas horas las que tardaron en alcanzar la cima ese lunes 29 de noviembre y los 3.152 metros sobre el nivel del mar; tiempo de dudas y certezas, de aplausos y sustos, de poner en juego la vida y el prestigio de una marca que se atrevió a dar el sí. Pero sobre las 7:30 de la noche, mientras la ciudad seguía su curso, se cumplió el milagro y la Grand Cherokee gris de placa BRD 509 se posó en la cima de Monserrate. Pero como también se dice, todo lo que sube tiene que bajar, y lo segundo tardó 11 horas y ya no se hizo en medio de la algarabía ni de la multitud, sino que esta labor les correspondió a tan solo siete personas, quedando una vez más en evidencia que después de la tempestad viene la calma, que la gloria es efímera y que de no ser por la historia, solo quedaría en el recuerdo de quienes vivieron el momento.
¿Y los milagros se repiten? Sí hay fe, por supuesto. Y nuevamente Mario Correa, al que el destino lo llevó de regreso a la marca de sus amores, se planteó buscar este modelo para volverlo a traer a la vida. ¿Otro sueño, otra utopía? Quién hubiese pensado de esa manera estaba en todo su derecho, pero la Grand Cherokee de placas BRD 509 estaba destinada a regresar a sus orígenes y una convocatoria nacional, a través de las redes, el voz a voz y los medios de comunicación surtió efecto.
Una llamada y la información esperada. La Grand Cherokee, la misma que después de la hazaña de Monserrate había sido protagonista durante dos años en el Torneo de las Américas Todoterreno, permanecía abandonada en un terreno en las afueras de Pacho, Cundinamarca, esperando a ser rescatada y convertirse en protagonista de una gran historia; y para que las nuevas generaciones se enteren que hubo un día en que unos locos tomaron la decisión de llevarla a un lugar que parecía imposible y entiendan que las tradiciones no se rompen, y que quienes suben en pareja a este cerro, garantizan un amor duradero e inquebrantable, como el de Jeep con el cerro de Monserrate.
Saber que se puede y creer que se puede. Se vale soñar en grande y que la palabra escrita nunca muera…