Los momentos de un Gran Premio… Como el de México

Y a veces, porque así es este deporte, un Gran Premio se convierte en pequeños momentos. De hecho, muchas veces la magia de este llamado ‘Gran Circo’, no solo se circunscribe a lo que sucede en la pista, sino que se traslada a otras instancias y a todo lo que acontece alrededor del espectáculo.

Glamour le llaman algunos o máxima expresión de un deporte que mueve miles de millones de dólares y que es seguido por una cantidad de aficionados o fans que encuentran en la velocidad de un grupo reducido de corredores, 20 para ser más exactos, emociones o ejemplos de vidas soñadas, en las que el lujo, las mujeres bellas y otra serie de acontecimientos son protagonistas.

Quien esto escribe siempre ha expresado, salvo excepciones que las hay, que una carrera de Fórmula Uno tiene cuatro momentos especiales:

El primero de ellos el de confrontar el cronómetro, ese juego en el que cada equipo y sus pilotos buscan robarle milésimas a los segundos, y que a la postre son los que marcan la diferencia para definir la llamada pole posición y los puestos de largada. Porque hacer la pole no es un acontecimiento menor y se celebra con alborozo, tanto por las estrellas y su grupo de trabajo, como por los seguidores de cada uno de los pilotos y sus escuderías.

El segundo, el de la partida, ese instante en el que los monoplazas, con todo su colorido, se presentan en la recta principal, expectantes a un semáforo que cambia de color y que cuando se pone en verde la da vía libre a una gran cantidad de caballos de potencia, emitiendo ruidos ensordecedores que se meten en la piel.

El tercero, el de los giros finales, en donde sale a relucir la estrategia, la gestión de los neumáticos y es cuando generalmente pasan cosas importantes.

Y el cuarto, que para quien esto escribe toca las fibras del corazón, el del podio, ese pequeño espacio de tiempo diseñado para despertar los orgullos patrios y para exhibir el color de las banderas y dar a conocer los acordes de los himnos nacionales, protocolo acompañado por un buen baño de champaña, de las finas y apetecidas.
Porque a veces, un Gran Premio, como el de Ciudad de México, podría resumirse con la pole de Nando Norris, el piloto de McLaren, quien asume el liderazgo del campeonato, con un punto de diferencia sobre su compañero Óscar Piastri; esa largada en la que Lewis Hamilton y Max Verstappen se jugaron entero, mordiendo la hierba; y la alegría inocultable del vencedor Lando Norris, quien permitió izar en alto su bandera y puso a cantar a los británicos, que hoy sueñan con un nuevo campeonato mundial.

Un podio que contó con el acompañamiento en ese lugar de privilegio de Charles Leclerc y Max Verstappen, quienes precisamente en los giros finales brindaron un bello espectáculo por la segunda posición.
Eso sí, para cada aficionado, será su momento especial, porque el mismo puede circunscribirse a una foto o una firma, que de seguro guardará con orgullo y con el paso de los años le servirá para recordar y afirmar “yo estuve en ese Gran Premio”, en este caso, en el de Ciudad de México y en el Autódromo de los Hermanos Rodríguez, en donde definitivamente, pase lo que pase, sin Checo o con Checo Pérez, la Fórmula Uno es toda una fiesta…

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