Un día especial para el Autódromo de Tocancipá

Hay días, en el mundo del deporte, que quedan para la historia. Y hoy 21 de febrero de 2026, será uno de ellos para el automovilismo colombiano y especialmente para el Autódromo de Tocancipá, el escenario que tuvo su primera bandera verde el 7 de febrero de 1982. De esa fecha especial al ahora han pasado casi 45 años y se vuelven incontables los kilómetros recorridos y los nombres de pilotos que han pasado por esta cinta asfáltica.
Si bien es un momento para mirar hacia adelante y pensar que con la repavimentación del 100% de los 2.750 metros de la pista se presenta un punto de inflexión para soñar en cosas más grandes para la disciplina, porque talento hay, y eso ha quedado demostrado a lo largo de la historia, también hay que darle alas a los recuerdos y permitir abrir las puertas de las nostalgias, echando a rodar la película del tiempo hacia atrás, nombrando a quienes hicieron posible lo que en ese entonces era uno de los grandes pasos necesarios que debía dar el automovilismo nacional, porque cuando se cerró el Ricardo Mejía los pilotos quedaron huérfanos y sin un escenario para competir.
Jorge Cortés, a quien llaman el decano del automovilismo nacional y quien obró como asesor para la nueva obra, removió fibras y nombró a quien tenía que ser, a don Adel Kassem (quien estuvo presente el día de hoy), porque fue él quien propuso que el tan anhelado autódromo se construyera en un terreno de su propiedad, en la sabana de Bogotá. Y también nombró a un arquitecto, Luis Esguerra, quien desde los años 60 tenía pintado en su mente un trazado, al cual le dieron vida años después con el apoyo de su colega Manuel Angulo Jaimes. Y hay que darle también los méritos a los socios del Club Los Tortugas, que fueron los que impulsaron la construcción del escenario deportivo y sentaron las bases para la creación de Autódromos S.A., el 15 de octubre de 1980, con 800 acciones a $50.000 cada uno, que si se compara con los 6.300 millones de pesos que se han invertido en esta nueva etapa, podría ser visto como algo irrisorio, que en su época no lo era.
Porque hay que recordar que el trazado de los arquitectos era mucho más ambicioso, pero la caja solo alcanzó para una pista de 2.000 metros, que con el tiempo, con la ampliación de Siberia, llegaría hasta los 2.750 metros, que hoy se mantiene, con la posibilidad de cinco circuitos permanentes.
El Cuchenials llegó a este escenario en la década de los 90, justo cuando se desarrollaba la Copa Sprint, una monomarca desarrollada por el Club Los Tortugas y por don Adel Kassem. Estaba en sus 20 y un poco más, con muchos sueños y deseos de convertirse en un buen periodista deportivo. Era el chino de El Espectador, el que llegó a sacar fotocopias y se dio mañas para llegar a la redacción, teniendo como primeras asignaciones el automovilismo, al que había que ir porque los Cano, Ricardo, Alfonso y Fidel, además de Santa Fe (yo soy de Millos), llevaban el automovilismo en su sangre y su corazón.
Al comienzo no fue fácil y recuerdo ese primer día en el que se me asignó un espacio en las página de deportes y yo de verdad sentí mucha presión, porque si bien mi padre me había llevado al Ricardo Mejía, y había oído hablar de Cuchilla Londoño y Roberto José Guerrero, entre otros, era muy poco mi conocimiento.
Desde ese día y por unos cuantos años el puente de Shell, en la línea de meta, porque era desde donde se agitaban las banderas verdes y a cuadros, un pequeño espacio se convirtió en mi ‘oficina’ y era el que me permitía tener una visual de la recta y del curvón. Y allí, con libreta y esfero en mano, anotaba todo lo que estaba en mi campo visual y me apoyaba en las transmisiones radiales y en los reportes que ellos hacían desde los pits para poder plasmar lo acontecido en mis crónicas de los lunes deportivos.
Pero un domingo de tantos, una tractomula se lo llevó por delante y me ‘quitó’ mi espacio preferido, en el que afortunadamente no estaba cuando ese accidente aconteció. Con muchas tardes de frío y de calor, viento y lluvia me fui ganando el respeto, gracias a mi trabajo de reportería y también por algunas posiciones críticas que se hacen necesarias, así a muchas personas les cueste asimilarlas, porque siempre he pensado que el amigo no es el que siempre alaba, sino el que en el momento que corresponde alza la voz para hablar cuando algo no está bien hecho.
Y así como muchos pilotos han dicho que tienen la fortuna de haber girado en más oportunidades que cualquiera, el Cuchenials puede decir que son muchas las líneas escritas en este escenario, siempre alejado de intereses personales y con el deseo de aportarle al deporte que tantas satisfacciones me ha dado y que me permitió ser testigo en otras pistas memorables del automovilismo mundial, de los mejores momentos de nuestro deporte.
Son tantos nombres que pasan por mi mente, tantas carreras y campeonatos que la lista sería interminable. Por eso hoy celebro este nuevo paso, que no ha sido fácil, y también celebro que el Grupo Astara haya sacado recursos para darle vida de nuevo a la oficina de prensa, una batalla que no he dado por capricho, sino porque pienso que es algo que va a quedar para las futuras generaciones, porque el Cuchenials ya está de salida y se le está agotando la gasolina.
Así que no me resta más que decir que bienvenida la nueva pista y que desde esta tribuna trataré de seguir acelerando juntos y que trataré de quemar mis últimos cartuchos, pero nunca renunciando a mi libertad de expresión.
Hoy es un gran día y ver los prototipos me llenó de emoción, al igual que ver rodando un fórmula y a don Pablo Montoya con su vehículo con el que compite en los premios de montaña.
Con la nueva pista, de seguro vendrán nuevas cosas, y esperamos muy pronto que el colorido vuelva a las tribunas y que el aficionado encuentre motivos para decir “hay que ir al Autódromo de Tocancipá”…
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