El sector automotor colombiano, en un punto de inflexión

Reflexión del Cuchenials en la fría tarde de miércoles sobre el presente del sector automotor, que a mi modo de ver está pasando por una coyuntura o punto de inflexión, que supondrá, en los años venideros, muchos desafíos. He visto, en casi cuatro décadas, pasar mucha agua bajo el puente y ser testigo de las llamadas crisis y bonanzas de la industria.
Me tocó ver como ‘espectador’ (quienes conocen mi historia periodística entenderán las comillas) cómo se fue transformando el parque automotor y cómo de un dominio casi que absoluto de las ensambladoras, con sus marcas Chevrolet, Renault y Mazda, se comenzó a ver una mayor pluralidad, gracias a la llamada Apertura Económica.
Y voy a citar un ejemplo que sirve para ilustrar mis afirmaciones y fue cómo marcas desconocidas y venidas de Corea, un país sin mayor historia en la industria del automóvil, como Hyundai y Kia, con el paso de los años lograron arañar un muy buen pedazo de la torta, en la medida en que fueron transformando su portafolio, pasando de autos que eran mirados con desdén a competidores serios de las marcas mencionadas al comienzo (no olvidar que en la actualidad Kia es la líder del mercado colombiano).
El lujo era casi que exclusivo de las europeas Mercedes-Benz y BMW y los japoneses se mantenían firmes gracias a sus propuestas 4×4 y a la calidad de sus productos. Otras, como Jeep o Peugeot, solo por mencionar algunas, eran aspiracionales y se amparaban en su historia mundial.
Salvo Nissan, que construyó su propia red, muy sólida por cierto, las grandes casas automotrices buscaban representantes (familias) o concesionarios que tuvieran solidez para hacer crecer el negocio y se les pedía exclusividad.
Gracias a ello las diferentes redes de servicio fueron creciendo y la llamada posventa se convirtió en un argumento adicional para convencer a los clientes potenciales. El gran volumen lo hacían los llamados modelos de entrada, pues el vehículo, que era considerado como un bien de los privilegiados, de alguna manera se ‘popularizó’, pues el negocio de la financiación entró en el juego y gracias a las facilidades en las cuotas muchos colombianos se montaron sobre cuatro ruedas.
Pero como todos sabemos, nada es permanente y las cosas toman rumbos inesperados. Si bien es sabido que el potencial de Colombia es grande y que desde hace mucho tiempo deberíamos estar hablando de más de 500.000 mil unidades anuales, esa cifra no se ha podido cumplir y cuando en el año 2014 se vendieron 318.526 vehículos, la celebración no se hizo esperar.
Dicen que “el más fuerte termina por comerse al más débil” y el sector no ha sido ajeno a esta premisa y es así como con el correr de los años los grandes grupos automotrices fijaron su mirada en el país y en la actualidad podría decirse que un alto porcentaje de la industria está en sus manos, a saber: Grupo Inchcape, Grupo Astara, Porsche Colombia y Grupo Vardí.
Las ensambladoras, Mazda (CCA) y Chevrolet (Colmotores), perdieron la batalla y se les hizo insostenible mantener su operación de esa manera en el país y la única que sobrevive es Renault-Sofasa, de la que desconozco su futuro, pues está en la lista de marcas que decidió, algo que respeto, sacar del llavero al Cuchenials. Por otro lado, los distribuidores o concesionarios se vieron en la necesidad de decirle “no a la exclusividad” y para poder seguir adelante se convirtieron en multimarca, algo que las casas matrices tuvieron que aceptar, así fuera a regañadientes.
Y bueno, también es bien sabido que desde la pandemia todo cambió y no solo en el periodismo, en el que quienes ejercemos esta profesión hemos sido reemplazados por los especialistas de las selfies y demás, algo que también se debe respetar, porque cada quien está en su derecho de elegir a quien considere relevante, aunque a mí modo de ver quienes se benefician son ellos y los productos, en este caso los autos, pasan a segundo plano (Cuchenials, se le olvida que lo que importa ahora son los números).
Pero retomemos el hilo y al hacerlo no podemos dejar a un lado las nuevas tecnologías y el fenómeno de los autos chinos, algo que debe ser analizado en conjunto porque está mostrando un cambio en el sector, que como sucede con el sol, no se puede tapar con un dedo.
El miedo al origen ya se perdió, como en su momento sucedió con los coreanos y el consumidor se ha dejado seducir por sus nuevas propuestas tecnológicas. De hecho también lo han hecho los grupos referenciados, pues dentro de su portafolio, cobrando protagonismo, están las marcas chinas, que son las que están dominando el mercado de los vehículos híbridos y eléctricos, aunque hay actores tradicionales que con los llamados híbridos ligeros tratan de defenderse.
Y en este tema hay que ser juiciosos al dar una opinión. No se trata de ir en contra de una tendencia comprobada, sino simplemente de poner sobre el tapete una realidad y ella dicta que la infraestructura de carga no está creciendo al mismo ritmo de la demanda. Claro, ha habido una evolución evidente en autonomías y eso hay que reconocerlo, pero en estaciones de carga, en todo el país, no se han podido superar las mil.
Por eso creo que la mejor solución es no depender de la recarga pública, sino tener la opción de un cargador en el hogar, tema que requiere mayor profundidad, pues si bien hay un decreto que establece que toda persona está en su derecho de hacer una instalación, en la práctica no está sucediendo y en muchos casos la posibilidad queda truncada en la asamblea de propietarios.
Siempre he dicho que el tiempo es el que termina siendo el máximo juez y que será el que se encargue de darle la razón a uno o a otro, pero lo importante en este ‘nuevo mundo’ es tener en claro cuáles son las condiciones de cada comprador.
Y no se puede dejar a un lado el fenómeno Tesla, que ya se ve en las calles y en las cifras, pues no en vano el modelo Y se ha convertido en el más vendido en los dos últimos meses. Así las cosas, para concluir (no sé si la gente haya llegado hasta el final de esta disertación), el desafío para muchas marcas es muy grande y pienso que cuando el ‘dulce se pone a mordiscos’, lo que terminará por marcar diferencia es el servicio y respaldo, porque de nada vale tener el mejor auto sí a la hora de un inconveniente, que no faltan cuando se trata de máquinas, no se encuentran respuestas y soluciones.
Un consejo, si hay historia y argumentos, háganlo saber, muestren lo que tienen y difúndanlo, pero no se queden en selfies bonitas, porque esas ganan likes, pero no hacen marca… Ver menos