¿Eléctrico o de combustión? La visión de JMEV

En cifras, durante los primeros 9 meses de 2026 los vehículos eléctricos representaron el 16 % de las matrículas de vehículos nuevos, con 39.674 unidades registradas y un crecimiento del 222 % frente al mismo periodo de 2025. Bogotá y Medellín se mantienen como los principales mercados regionales para la adopción de vehículos eléctricos e híbridos. Con este avance, la movilidad eléctrica dejó de ser una conversación sobre el futuro y comenzó a formar parte de las decisiones de compra de los colombianos: ¿qué opción resulta más conveniente hoy para la ciudad, un vehículo eléctrico o uno de combustión?

La respuesta depende cada vez más del uso que cada conductor le da a su vehículo. Para quienes se movilizan principalmente en ciudad, factores como el costo de operación, la autonomía, los tiempos de carga, el acceso a infraestructura y el espacio disponible empiezan a tener un peso similar al precio de compra.

“La discusión sobre movilidad eléctrica ya no puede plantearse únicamente desde la tecnología, sino desde la utilidad que representa para cada conductor. En un vehículo pensado para acompañar tanto los desplazamientos urbanos como los viajes por carretera, la autonomía, la facilidad de carga y la practicidad son factores que permiten evaluar de manera más completa qué alternativa se ajusta mejor a las necesidades de cada persona”, señaló Noel Ardila, gerente general de JMC en Astara para Colombia.

Los vehículos a combustión mantienen una ventaja práctica: la facilidad para encontrar estaciones de servicio y repostar en pocos minutos. Esto continúa siendo relevante para quienes realizan recorridos extensos, no cuentan con un punto de carga habitual o necesitan cambiar de ruta sin depender de una planificación previa.

Los eléctricos, en cambio, permiten aprovechar los periodos en los que el vehículo permanece estacionado para recuperar autonomía y cuentan con una estructura mecánica más sencilla y una mayor eficiencia energética. Esto ha ampliado el debate sobre dónde y cómo resulta conveniente utilizarlos, especialmente cuando sus capacidades superan las necesidades de un recorrido exclusivamente urbano.

En este escenario se encuentra la GSX de JMEV, una alternativa eléctrica que, por sus dimensiones y configuración, va más allá del concepto tradicional de city car. El modelo está pensado para combinar los desplazamientos cotidianos en ciudad con las necesidades de espacio de una familia y los recorridos por carretera. Con 4,64 metros de longitud y un baúl que puede alcanzar hasta 1.600 litros, la GSX plantea una alternativa para quienes buscan incorporar movilidad eléctrica sin renunciar a la versatilidad.

La GSX está disponible en versiones Comfort y Luxury y cuenta con una batería LFP de 70,38 kWh. Su autonomía llega hasta 610 km bajo ciclo CLTC, mientras que su sistema de carga rápida permite pasar del 30 % al 80 % en aproximadamente 25 minutos. A esto se suma un conjunto motriz de 165 kW, equivalentes a 221 hp, y 210 Nm de torque.

Estas características hacen que la conversación sobre un vehículo eléctrico no tenga que limitarse a los trayectos cortos dentro de la ciudad. En el caso de la GSX, la autonomía, el espacio interior y la capacidad de carga permiten considerar también desplazamientos interurbanos, ampliando el tipo de uso que puede tener un vehículo eléctrico en la rutina de sus propietarios.

“La transición hacia la movilidad eléctrica está haciendo que los consumidores evalúen el vehículo de una manera diferente. Ya no se trata solamente de mirar el tipo de propulsión, sino de entender qué autonomía necesita, cuánto espacio requiere, cómo realiza sus desplazamientos y qué tan fácil resulta integrar la recarga en su rutina. La GSX responde precisamente a esa necesidad de combinar movilidad urbana, espacio y capacidad para recorrer distancias mayores”, agregó Ardila.

Por eso, la pregunta sobre si conviene más un vehículo de combustión o uno eléctrico para la ciudad no tiene una única respuesta. La decisión pasa por los hábitos de movilidad, la disponibilidad de carga, los recorridos habituales, el presupuesto y las necesidades de espacio. Mientras la combustión conserva ventajas relacionadas con la rapidez y disponibilidad del abastecimiento, los eléctricos ganan terreno al ofrecer eficiencia y la posibilidad de recargar durante los periodos en los que el vehículo permanece detenido.

El crecimiento de las matrículas eléctricas en Colombia muestra que esta elección ya forma parte del mercado actual. En este escenario, la GSX amplía las posibilidades de la movilidad eléctrica al combinar autonomía, espacio, capacidad de carga y desempeño, con una configuración que permite atender tanto las necesidades de movilidad cotidiana como los desplazamientos de mayor distancia.

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