Mateo Gómez, campeón mundial de la vida…

El sólo hecho de haberse coronado como campeón de la Easykart 60 a los 11 años, en el circuito de South Garda Karting, en Lonato del Garda, Italia, era una razón suficiente para dar el sí a una entrevista con el piloto colombiano Mateo Gómez. Y hubiese querido el Cuchenials que fuera de forma presencial, mirando a los ojos, esos espejos del alma que nos permiten descubrir cosas que difícilmente se pueden percibir a través de una llamada telefónica.

Pero la magia de la tecnología ha permitido que, gracias a las videollamadas, aunque insisto que no es lo mismo, se pueda establecer un ‘acercamiento’ con el personaje, en este caso un pequeñín del que tenía conocimiento que era un ‘milagro de Dios’, pues a los seis meses de nacido fue diagnosticado con hipotonía muscular, tras haber enfrentado un Accidente Cerebro Vascular (ACV) Isquémico con hemiplejia, es decir, una parálisis en la parte izquierda de su cuerpo.

Afirmaban los galenos, amparados en sus conocimientos teóricos, que el pequeño Mateo no iba a volver a hablar y que producto del incidente era muy difícil que volviera a caminar. Pero no sucedió ni lo uno ni lo otro, y contra todos los pronósticos, se le escuchó decir “llanta” y también correr con habilidad para observar los exhostos de los carros.

Pero no sólo eso. Hoy, a sus 11 años, y tras la primera impresión, se puede afirmar que es un infante adelantado y con un carácter envidiable. De hecho, por petición suya, la entrevista pactada tuvo que ser adelantada una hora y su argumento era claro, pues en el horario establecido él ya tenía planeado jugar con un carrito de control remoto, en otras palabras, quería ser niño, antes que asumir su rol como piloto y campeón mundial

Así fue, la llamada se hizo con anterioridad y la imagen que apareció en la pantalla fue la de Mateo, ataviado con overol rojo, respondiendo con seguridad y con una gran madurez, lo que da cuenta de un gran trabajo realizado por la Fundación CIREC, dedicada, desde hace más de 47 años, a rehabilitar integralmente a las personas con discapacidad física, generadas por enfermedades neurológicas, osteomusculares y neurodegenerativas. Entre ellos Mateo, el hijo del director (Daniel Gómez) y quien desde hace 14 años ha estado al frente de la entidad, tendiendo su mano y ‘reconectando’ a los que lo necesitan.

“A mí me gusta mucho el automovilismo. Me visualizo en las 24 Horas de Le Mans o en la Fórmula Uno. Soy muy disciplinado y constante en la pista. Quiero ser yo y por eso no tengo preferencia por ningún piloto”, dice con propiedad, mientras mueve un poco la cámara para mostrar su entorno, un pequeño ‘motorhome’ que se ha convertido en el hogar de la familia Gómez.

Tras la recuperación de Mateo, sus padres tenían claro que el deporte iba a resultar fundamental en su desarrollo y pensaron en varias disciplinas, eso sí anteponiendo los deseos de su hijo. Y fue tras una visita al Autódromo de Tocancipá, en unas Seis Horas a la que asistió para ver en acción a Luis Genara Rico, uno de los pilotos de la viaja guardia del automovilismo nacional, quien es tío de Catalina, su progenitora. Desde ese momento, al ver su reacción, los padres se dieron cuenta de que ese era el camino y que lo de la “llanta” y los exhostos no era una casualidad.

Fue así como desde sus seis años, por decirlo de alguna manera, se inició el ‘proyecto de Mateo’ en los deportes a este país se sumaron kilómetros importantes, pero desde el año pasado, tanto Daniel como Catalina, le dieron un giro a su vida, empacaron maletas y se fueron a Italia, a Desenzano del Garda, una ciudad llena de colorido, a orillas del lago Garda.

“Dios nos trajo acá por un propósito y para cumplir con una misión especial. Italia no estaba dentro de los planes, pero conocimos a Ómar Julián Leal (piloto que recorrió las principales categorías en Europa) y nos recomendó que hiciéramos un test de verano. Luego vinimos al Mundial y en el equipo nos propusieron que nos viniéramos a vivir y pensamos en hacerlo seis meses, pero lo que ellos querían era que lo hiciéramos de manera definitiva. Regresamos a Colombia, arrendamos la casa, vendimos los muebles y otras pertenencias la dejamos en una bodega”, recuerda Daniel. “No fue una decisión fácil, per, pues no teníamos idea de nada. Afortunadamente conté con el apoyo de la Junta Directiva de la Fundación CIREC, que me permite seguir trabajando de manera virtual”, destaca.

Con ilusiones, pero con la incertidumbre de enfrentar lo desconocido, Mateo, Catalina y Daniel viajaron a territorio italiano el 26 de septiembre de 2025. Ligeros de equipaje, pero con la certeza de que estaban dando el paso correcto. “No teníamos ni idea de nada, alquilamos un Airbnb en medio de la nada, pero poco a poco se nos fueron dando las cosas y tenemos todo en orden. Pensamos que fue la mejor decisión, porque estamos en las Grandes Ligas del kartismo y tratando de equilibrar una desventaja de tres años (en materia de fogueo) que tiene Mateo frente a los demás competidores. Pero acá se hacen cerca de 300 carreras al año y eso le va a servir mucho”.

Esa gran actividad, que hace que prácticamente vivan en una pista de karts, fue lo que los llevó a comprar su casa rodante, desde la que entre otras cosas Mateo adelanta sus estudios de manera virtual y Daniel cumple con los compromisos de su trabajo, teniendo el apoyo constante de Catalina.

“Aunque de los pilotos actuales me gusta Kimi Antonelli, vuelvo y digo, quiero hacer mi propio nombre y correr en lo que sea. Yo le rezo a Dios y le pido por la gente, pero mi deseo es algún día lograr triunfos para Colombia en el automovilismo y me visualizó en el podio de la Fórmula Uno”, expresa con seguridad Mateo, quien se describe como un piloto “muy disciplinado constante y muy rápido. Trabajo muy fuerte en la parte piscológica y mental para ser un mejor piloto en la pista. Soy una persona alegre, que se goza la vida, un ser humano feliz. Eso sí, a veces soy un poco despistado”. Pero otra de sus fortaleza, como lo comparte Daniel, “es que él entiende muy bien la parte mecánica del kart y sabe lo que le está pasando en la pista, algo que resulta muy importante para los mecánicos”.

Catalina, su progenitora interviene: “Pienso que nosotros ya somos ganadores. Nuestro sueño como familia no es que Mateo sea famoso, sino que sea un buen ser humano. Si él algún día no quiere seguir lo entenderemos, pero creemos que el deporte es algo muy buena para su formación y queremos que crezca y se destaque dentro y fuera de la pista. Él siempre nos ha dicho, ‘yo no sé ser malo como persona’ y eso lo valoramos mucho”.

Los años y los kilómetros recorridos han obrado como grandes maestros. Tanto Daniel como Catalina son conscientes de que el camino no es fácil, pero están dispuestos a hacer grandes sacrificios, especialmente en la parte económica. “Creemos que con nuestros propios medios podríamos llegar hasta la primera fase de la Fórmula 4”, comenta Daniel, algo que es importante tener en claro pues es bien sabido que uno de los principales inconvenientes para cualquier piloto es el tema económico.

Por el momento, la felicidad de su hijo es lo que importa, más allá de las victorias, porque para ellos, él llegó a este mundo para ser un ejemplo de vida y dejar huella. Ya lo hizo en Italia, porque muy pocos a esa edad pueden decir: “soy campeón mundial”…

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