Juan Pablo Montoya, de regreso al Autódromo de Tocancipá

Las personas terminan regresando a los lugares en los que fueron felices y se afirma que los mismos guardan memorias. Y ayer (21 de agosto de 2026), Juan Pablo Montoya tuvo una cita con el pasado, o más bien con el Autódromo de Tocancipá y la cinta asfáltica de 2.725 metros, en la que sin duda vivió momentos especales,
¿Qué sentimientos le genera regresar a donde prácticamente empezó todo? Y el bogotano, quien el próximo 20 de septiembre cumplirá 51 años, responde, no sin antes mostrar un gesto que de seguro removió fibras en su interior: “Ehh, es raro, la verdad, yo vine acá después de que dejé de correr, una o dos veces a eventos y cosas de patrocinadores. La última vez fue cuando mi tío Diego tenía su camioneta, como hace siete años, di un par de vueltas, pero la verdad la pista está muy chévere y hay muy buenas memorias”.
La mañana es fría y una leve llovizna hace su presencia, algo que no es extraño en el que en su época fuera llamado como el ‘templo de la velocidad colombiana’. Juan Pablo, junto con su hijo Sebastián, fueron contratados por el Grupo Arquib, un holding empresarial que se destaca por sus capacidades estratégicas en inversión, consultoría, servicios financieros y de ingeniería, para el lanzamiento de un nuevo producto y con la misión de ‘atender’, a su manera, a los clientes.
“Se van a arrepentir (risas). La verdad bienvenidos y gracias por acompañarnos. La idea es darles una experiencia chévere y bonita, purgarlos un poquito en el carro, nada del otro mundo. Y están muy de buenas, porque está mojado y el carro se mueve más. Lo único es que las llantas no sacan humo por el piso mojado, pero el carro se resbala bastante. Si se asustan, díganme, que no les voy a parar bolas. Mentiras (vuelven a aparecer las risas), es algo superrelajados y hoy hacemos de todo un poquito y la idea es que la pasen bien”, dice Juan Pablo, quien viste un saco negro, jeans y tenis multicolores
Es muy cierto que los padres hacen lo que esté al alcance de sus manos por sus hijos, y el Cuchenials, quien ha sido testigo de muchas historias de Juan Pablo a lo largo de su carrera, entiende que el bogotano, además de ese rol de mánager, está haciendo todo lo posible para ser simpático y ‘buena gente’, como decimos los colombianos, porque en este proceso, sin duda alguna, se requiere del concurso de la empresa privada y cualquier dinero que se consiga resulta significativo.
Por eso atiende a los periodistas invitados con amabilidad y quien esto escribe espera su turno, no sin antes escucharlo decirle a una joven comunicadora que él vive el momento y que a veces se le olvida lo que hizo ayer, si jugó golf o no, o si realizó cualquier actividad. Y debe ser cierto, si él lo dice, pero también lo es, como en una oportunidad le expresó al Cuchenials doña Libia Roldán (la madre de Juan Pablo), que “Juancho debe tener memoria fotográfica, porque no lo veía que anotara en los cuadernos y nunca los estrenaba”.En ese orden de ideas, en su cerebro deben estar almacenadas muchas imágenes de Tocancipá, como cuando todo empezó con la Fórmula Renault y la Copa Swift GTi. “Hay recuerdos muy chéveres que pasaron acá, pues si usted se acuerda son más de 40 años los que yo llevo corriendo y han pasado tantas cosas, unas que lo marcan a uno y otras que no, pero reitero, las memorias acá en el Autódromo de Tocancipá fueron muy chéveres”.
De hecho, entre ellas está la Fórmula Renault, que fue traída por el Club Los Tortugas, de la mano de Adel Kassem, en 1992, y en ese entonces Juan Pablo afirmaba que “a mí me parecía muy difícil correr la Fórmula Renault, pues no había tenido experiencia en un monoplaza, pero también sabía que el kartismo era mi mejor carta de presentación. Gracias a la ayuda de mi papá, de Jaime Pombo y de la empresa Mobil se hicieron los contactos necesarios para que yo estuviera en el campeonato”.
Pero la suma de kilómetros en la cinta asfáltica de Tocancipá no fue exclusiva en los monoplazas. También estuvo la final de la Copa Chevrolet Sprint, en 1991, ocupando el asiento de Diego Fernando Mejía, sentando cátedra y llevándose el triunfo de la válida, y de la misma forma, haciendo equipo con Jaime Guerrero en la Copa Lada, portando el número 58.También, en algún lugar del baúl de sus recuerdos, debe estar aquel diciembre de 1995, cuando junto con Diego Guzmán y Jorge Cortés se llevaron el triunfo en la Seis Horas de Bogotá, pero en las que además Juan Pablo subió al podio por partida doble y en do categorías. En esa oportunidad, inició su obra el viernes en las clasificaciones, en las cuales hizo volar el Spice número 45, acción que se vio reflejada en los cronómetros, que se detuvieron en 1.03.718, para un promedio de velocidad de 153,96 kilómetros por hora. También compartió asiento en el Oldsmobile, con dos de sus mejores amigos, Andrés Felipe Gómez y Jaime Guerrero, con quienes finalmente logró también el primer lugar en los Gran Turismo hasta los 6.500 c.c. y el segundo puesto en el consolidado general.
Pero volviendo al presente, Juan Pablo, aún tiene frescas las imágenes del evento realizado en Barranquilla, que acercó a los colombianos a un evento de magnitud internacional. “Lo de Barranquilla fue importante y pudimos cambiarle el sentido, porque por lo sucedido en el país pensamos en cancelarlo, pero al final pudimos aportar nuestro granito de arena. Y no solo fue importante para Barranquilla, sino para toda Colombia, pues vino gente de todas las ciudades. Fue un evento espectacular y la verdad ver tanta gente apoyándonos fue muy bonito”.
Y de nuevo le cambia la expresión cuando se le pregunta sobre el reto que tuvo con Sebastián en el malecón, pues no hay que olvidar que se trata del padre hablando sobre el hijo: “Fue chévere (palabra preferida del excorredor de F1), pero lástima que Sebas salió tumbado en la última carrera (el carro tuvo una falla mecánica), pero en la primera me sorprendió y me dije, ‘ay juemadre, me toca ponerme las pilas’”.Sobre el futuro inmediato, Juan Pablo parece tener claro el panorama, o al menos eso es lo que se puede advertir de sus palabras. “Seguimos trabajando y pronto sabremos qué tenemos que hacer. Él tiene talento y mire que siempre le hemos ganado a los compañeros de equipo, pero los carros no están dando y es lo que hay. Estamos tranquilos, sabemos lo que estamos haciendo y el potencial que tiene Sebastián”.
El trabajo lo llama y Juan Pablo, junto con su hijo, salen a la pista a ‘purgar’ a sus invitados. Después de unas vueltas padre e hijo comparten el mismo habitáculo, pues la intención de Juan Pablo es poder compartirle a Sebas, como él le dice, algunos secretos de Tocancipá. Habla con Felipe Triana, su amigo, y el tema es el récord de pista, en poder de Óscar Tunjo, con un registro de 1:02.764, obtenido en abril de 2019, a bordo del West número 45 del equipo Sesana Racing Team. ¿Y por qué no pensar en un nuevo registro? Podría ser, con alguno de los Montoya aunque es especulación del Cuchenials, quien se fue a la tribuna y a la zona del curvón del Autódromo de Tocancipá para observar lo que Juan Pablo Montoya es capaz en el ‘máximo templo de la velocidad colombiana’, el Autódromo de Tocancipá…