Encienda las luces de su carro bajo la lluvia

Cesvi Colombia recomienda la importancia de esta acción.

Los datos y las investigaciones son claros: siempre que se han hecho estudios a nivel mundial se ha demostrado que llevar las luces encendidas disminuye el tiempo de reacción de los demás actores de las vías, sean conductores o peatones; es decir, un vehículo con luces encendidas se puede ver o detectar a mayor distancia (hasta un 20% más) que si no las tuviese encendidas.

Basándose en los resultados de varios estudios, Cesvi Colombia llegó a la conclusión de que la potencial reducción tanto de víctimas fatales como de heridos y el beneficio económico resultante, muestra que el uso de luz baja durante la conducción diurna no es sólo deseable y necesaria sino de urgente aplicación.

Todos los conductores tienen a su alcance uno de los más efectivos equipamientos en cuanto a seguridad vial se refiere y es el simple acto de mantener encendidas las luces bajas durante el día.

Un reciente estudio llevado a cabo en Europa, enfatizó que el simple hecho de conducir de día con las luces encendidas (medida ya adoptada por varios países como Suecia, donde es obligatorio desde hace más de 10 años con excelentes resultados) reduce el número de accidentes fatales diurnos en aproximadamente 25%.

Valoración técnica
Una buena visibilidad constituye un elemento esencial al momento de considerar los parámetros en los que se basa la seguridad vial; sin embargo, existe la creencia de que el hecho de conducir un vehículo en un día claro y despejado es totalmente seguro o más seguro que hacerlo en un día con tormenta o en medio de la niebla.

El análisis de las distintas colisiones frontales que se producen a plena luz del día, teniendo en cuenta la ausencia en muchos casos de huellas de frenado o de indicio de maniobras evasivas, ha demostrado que conducir bajo un sol radiante no garantiza la buena visibilidad.

La correcta iluminación depende más de factores que no tienen que ver con la cantidad de luz, siendo dos elementos principales que afectan directamente la seguridad del tránsito diurno.

El primer factor es la percepción de los objetos que nos rodean: se hacen visibles solamente cuando refleja la luz que incide en ellos, pero ningún objeto refleja toda la luz que recibe porque cierta cantidad de esa luz es absorbida por el cuerpo y sólo una parte de ella es reflejada.

Las distintas superficies reflejan la luz de modo diferente aunque estén iluminadas por la misma cantidad de luz: las superficies claras reflejan entre un 60% y un 80 % de la luz que reciben y las oscuras menos del 30 %. La luz que refleja el objeto es la luz que se ve, el color del objeto, del asfalto y de los vehículos en tránsito. Los colores verdes, rojos, azules y grises afectan significativamente la percepción de la luz del día porque solo reflejan entre el 5% y el 30 % de la luz que reciben y el ojo no es tan sensible a las zonas oscuras, como sí lo es a las luces brillantes y a los medios tonos.

El segundo factor es el reflejo de la luz del día: los reflejos de sol directo y la claridad de un día despejado pueden tener un efecto negativo sobre la visión porque hace difícil distinguir los vehículos sobre el pavimento negro. En un día claro y despejado el cielo se presentan mucho más brillantes que la ruta y eso crea condiciones de visualización desfavorables, siendo la luz solar brillante un factor negativo.

La clave está en crear condiciones para asegurar una correcta visualización de los vehículos en el tránsito, cuando el reflejo no pueda ser reducido o evitado; en el caso de la luz del día, debe reducirse el contraste aumentando el nivel de iluminación del objeto que debe ser visualizado con relación al área circundante: encendiendo las luces del vehículo se equilibra el nivel lumínico y el ojo sigue percibiendo los objetos, ya no con la luz que ellos reflejan, sino con la que ellos irradian.

Un ejemplo de lo anterior se muestra con las imágenes tomadas a un vehículo a 100, 200 y 300 metros. En cada una de ellas se evidencia la percepción con luces apagadas y luces encendidas, lo cual permite concluir que la percepción en el ojo humano es notoriamente más rápida a mayor distancia en un vehículo con las luces encendidas.

Mitos y creencias
Desde el punto de vista mecánico se debe tener claridad sobre el desgaste o no de las diferentes piezas que actúan cuando el sistema de alumbrado está activo.

Lo primero es saber que al encender las luces del vehículo durante las 24 horas del día los bombillos se agotan por uso más rápidamente, pero se debe tener en cuenta que el uso adicional va a ser a cambio de una importante ganancia en cuanto a seguridad.

De otra parte, cuando el vehículo está en marcha y se encienden las luces, quien suministra la energía necesaria para realizar esta función es el alternador que, en condiciones normales está en continuo trabajo, por lo cual con las luces prendidas seguirá trabajando igual. Los otros elementos del sistema eléctrico como son las bobinas, el inducido y el regulador de voltaje tienen una vida prolongada.

No es cierto que la batería dure menos con el sistema de alumbrado activado en carreteras, debido a que no existe una relación directa entre consumo de corriente y duración de la batería; por el contrario, esta durará más cuanto más se use y esté sometida a mayores ciclos de descarga y carga que cuando se deja sin utilizar. Prueba de ello es que a un vehículo sin usar le durará menos la batería que un vehículo en constante uso.

Por consiguiente, todo lo que ayude a prevenir accidentes será siempre bienvenido y más para evitar accidentes en carretera, los cuales por estadística son los que mayor gravedad causan. Por cierto, la medida se está tomando a nivel mundial en diferentes países y en motos ya es una realidad.

 

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