La seguridad de la autopista Bogotá – Medellín puede mejorar.

Un estudio de Cesvi identifica algunos puntos neurálgicos.

El departamento de Seguridad Vial de Cesvi realizó un estudio de identificación de riesgos y planes de acción para reducir la accidentalidad del primer tramo de esta concurrida arteria nacional.

Persona, vía y vehículo son los tres actores principales de los que depende que la movilidad fluya. Por ello, sobre sus hábitos, características y situación técnica, los estudios de una vía específica se basan en identificar los riesgos existentes enfocados en minimizar al máximo la posibilidad de ocurrencia de accidentes de tránsito.

En ese sentido, el análisis realizado a la vía permitirá diseñar planes de acción que permitan disminuir la accidentalidad en sus tramos, optimizando al máximo los recursos disponibles en la carretera.

De acuerdo con la experiencia de Cesvi, los riesgos se pueden clasificar de acuerdo con su naturaleza. Los tipo A involucran alguna parte de la estructura física de la vía y se pueden minimizar con alguna modificación de la misma, por ejemplo adecuaciones para la entrada o salida de un tipo específico de vehículos.

Los tipo B son los inherentes al vehículo y como tal son riesgos difíciles de identificar toda vez que van muy ligados a la vía y al conductor, pero relacionados directamente con los vehículos. Ausencia de asistencia vehicular en la vía o la falta de lugares de abastecimiento de combustible, son dos ejemplos al respecto.

La clasificación tipo C engloba los riesgos inherentes al hombre, es decir conductores, peatones y ciclistas. Es el tipo de riesgo más común y el que más común al momento de la ocurrencia de un accidente, tanto así que su incidencia en los accidentes de tránsito se acerca al 90%.

Pero más allá de la identificación de los riesgos del tramo estudiado, los análisis llevados a cabo por Cesvi plantean la mejor opción de minimizar al máximo sus efectos, proveyendo a los involucrados en la administración de la vía herramientas útiles para reducir el impacto de la accidentalidad en la ruta.

Metodología y resultados: ejemplo práctico.

En esta ocasión, el Departamento de Seguridad Vial escogió un tramo de vía con presencia de múltiples riesgos. Se trata de la Autopista Bogotá – Medellín, en el tramo comprendido entre el río Bogotá (donde se ubica el famoso puente peatonal elaborado en guadua) y el intercambiador vial con la vía Chía – Mosquera, hoy más conocido como el ‘puente de Siberia’.

En resumen, la vía presenta una longitud total de 4,7 kilómetros desde el puente peatonal construido en guadua y el intercambiador vial de Siberia. A sus costados se encuentran varios parques empresariales, un cementerio, estaciones de servicio, industrias y restaurantes. La vía es asfaltada y presenta un buen estado de conservación al igual que su señalización tanto vertical como horizontal.

Riesgos Tipo A

Ingreso y salida de vehículos

Si bien es cierto que en el tramo estudiado existen accesos y salidas de lugares específicos, como es el caso del Terminal de Carga de Occidente, que cuentan con diseños especiales que permiten que los vehículos salgan y entren a la autopista de forma gradual, también se evidenciaron zonas en las cuales no existen.

Un caso está ubicado a 2,5 kilómetros del puente de guadua, una ruta de acceso a grandes empresas. Al tratarse de dos vías perpendiculares, la incorporación y salida de vehículos se realiza de manera abrupta. Ello obliga a disminuir fuertemente la velocidad a los que entran, y acelerar muy rápido para quienes se incorporan al tránsito de la autopista.

Plan de acción: construir carriles paralelos (conocidos como carriles de incorporación y desaceleración) a la vía que permitan que los vehículos salgan o ingresen al tránsito normal de forma más gradual, lo que permite un tránsito más fluido.

Cruce de peatones. Aun cuando este riesgo podría estar más enfocado al comportamiento de los peatones, deja de estarlo directamente cuando no existen los dispositivos adecuados para que se movilicen con fluidez. A lo largo de los 4,7 kilómetros además del puente de guadua existe solo otro puente, que está ubicado a 2,1 kilómetros. Ello obliga a los peatones a atravesar la autopista esquivando el tráfico.

Plan de acción: adecuar la vía con zonas de reducción de velocidad y pasos peatonales en función a las zonas de concentración de peatones, esto en los kilómetros 0.7, 1.3, 2.5, 3.1 y 3,8.

Descenso y ascenso de pasajeros. Al realizarse esta operación en cualquier punto de la vía se generan traumatismos al tránsito de los vehículos y de la movilidad.

Plan de acción: definir correctamente zonas de paraderos de vehículos de transporte público que garanticen que el tránsito de los vehículos se vea lo menos afectado. Esto adicionalmente ayuda a incentivar a los peatones de hacer uso de los pasos peatonales.

Falta de o bermas deficientes. De acuerdo con el Código Nacional de Tránsito, la berma es utilizada para un estacionamiento de emergencia de vehículos y el tránsito de peatones. Cuando este elemento no tiene las dimensiones adecuadas, se ve aminorada la capacidad de la vía para afrontar una eventualidad.

Plan de acción: adecuar la vía de forma tal que se cuente con bermas de mínimo 2,0 metros que permita garantizar el uso indicado en la norma colombiana.

Riesgos Tipo B

Al tratarse de un tramo tan corto no se encuentran riesgos que estén relacionados directamente con los vehículos. Además se trata de un trayecto de vía concesionado el cual presenta información sobre la asistencia a sus usuarios. En los 4,7 km se encuentran 4 estaciones de servicio para los usuarios que salen de Bogotá y una para los que ingresan a la capital, que resultan suficientes.

Riesgos Tipo C

Cruce de los peatones. Al igual que en el Tipo A, este riesgo se minimiza con la incorporación de zonas de paso peatonas debidamente adecuadas. Sin embargo, también se detectaron peatones cruzando la vía en cercanías a los puentes peatonales.

Plan de acción: junto con la definición de pasos peatonales y paraderos de servicio público, es importante el desarrollo de una campaña de seguridad vial agresiva que informe a los peatones sobre el riesgo de no usar los pasos (y puentes) peatonales defi nidos por la administración de la vía.

Conducción de vehículos. Sin lugar a dudas los conductores de los vehículos juegan un papel muy importante a la hora de la ocurrencia o no de accidentes de tránsito. En una vía por la que normalmente circulan entre 40 y 50 vehículos por minuto, una maniobra inadecuada podría involucrar fácilmente en un accidente a varios de ellos. Se identificaron de manera recurrentemente maniobras de motociclistas circulando entre vehículos, por la berma y haciendo adelantamientos si ocupar el carril libre a la izquierda. En el caso del transporte público, lo más representativo es la falta de precaución al momento de la detención para dejar o recorrer pasajeros.

Plan de acción: al igual que para el riesgo anterior, la forma de atacar este riesgo es una campaña de seguridad vial, en compañía de las autoridades respectivas. Se debe informar a cada población objetiva de los riesgos inherentes a su condición ya sean peatones o conductores de uno u otro tipo de vehículo y, en lo posible, complementarse con zonas de control.

 

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