El difícil camino del automovilismo

Jaime Gabriel Abozaglo, periodista y un hombre de motores, apasionado como quien esto escribe por el llamado mundo de los motores, puso el dedo en la llaga. Y sin proponérselo, a través de su interrogante del ¿por qué pasamos de ser protagonistas de Indy 500 a no estar, en tan poco tiempo?, me puso a pensar y a encontrar razones en el baúl de mis memorias. Intuyo yo, que se refiere a esa generación en la que no solo Juan Pablo Montoya fue una de las grandes estrellas, sino en la que además estuvo muy cerca de la victoria Carlos Muñoz, pues el tema de Roberto José Guerrero pertenece a otras épocas.
Claro, la de Montoya tuvo dos capítulos. El primero con Chip Ganassi, en el año 2000, cuando la llamada Serie CART realizó un acercamiento con Tony George y con la imberbe Indy Racing League, que tenía como mejor argumento de su calendario la mítica competencia; y la segunda, 15 años después, con el equipo Team Penske, con muchos kilómetros a su haber y un cúmulo de experiencia, que al final resultó fundamental.

Infiero también que Jaime se refiere a esa generación de muchachos en la que si bien no todos estuvieron en la Indy 500, sí fueron parte de un momento importante en el automovilismo internacional, tanto en pistas de los Estados Unidos como en las de Europa, y con una constante participación de pilotos que llevaban nuestra bandera por las diferentes pistas del mundo. Quizás algunos nombres se me pueden refundir en la memoria, pues la lista es larga, y podría mencionar a Ómar Julián Leal, Óscar Andrés Tunjo, Carlos Muñoz, Gustavo Yacamán, Gabby Chaves, Sebastián Saavedra y Carlos Huertas, entre otros, y sería injusto dejar por fuera a Tatiana Calderón, que dígase lo que se diga, logró conducir un Fórmula Uno.
Todos, protagonistas de historias diferentes, pero con una constante, y es el sacrificio familiar para llevarlos a estas categorías, poniendo mucho dinero de por medio y en riesgo los patrimonios familiares, porque acá no se trata de miles, sino de millones, y con muchos ceros a la derecha.
En mi quehacer periodístico en uno de los diarios más importantes del país, El Espectador, siempre mantuve las puertas abiertas para escuchar las historias y por medio de los artículos tratar de dar una mano para que las empresas fijaran sus miradas, como ‘vehículos publicitarios’, en estos deportistas. Todos, sin excepción alguna, soñaban con ser los Montoya del futuro y no era quien esto escribe el indicado para ‘cortar las alas’, ni mucho menos, y más aún cuando me he caracterizado por ser un soñador, que muchas veces, como me lo han dicho, termina por tocar los linderos de la utopía.
Eso sí, era honesto con mis palabras y amparado en eso que llaman experiencia y que se va adquiriendo a través de los años, les preguntaba cuáles eran los fondos reales con los que contaban para ir escalando peldaños en la difícil escalera, pues pensar que el dinero iba a llegar de otras fuentes era muy difícil, salvo que se estuviera al frente de un superdotado. En medio de bromas y para distensionar un poco la conversación, me atrevía a decirles que el ‘peligro’ era que su hijo saliera demasiado bueno y ahí no había marcha atrás, porque lo que les venía pierna arriba, y me refiero a la parte económica, era muy complicado. O también les ponía ejemplos de algunos pilotos y sus padres que decidieron hacer un alto en el camino a tiempo y mirar hacia otros lados, algo que también resulta válido.
Pese a todo lo anterior los pilotos de esa generación lograron dar el salto y a ‘trancas y a mochas’, con mucho esfuerzo y sacrificio, y con algunos aportes de la empresa privada, fueron escalando posiciones, abriendo las puertas en categorías importantes del automovilismo mundial.
Pues bien, para tratar de darle una respuesta a Jaime, es importante poner en contexto cómo es la actualidad de nuestro deporte. Los karts siguen siendo la gran escuela y el paso que encuentran para evolucionar lo tienen en el llamado CNA y en el TC2000, pero lejos estamos de volver a una categoría de monoplazas, como en su momento se dio con la Fórmula Colombia y la Fórmula Renault, que permitían un primer acercamiento a ese camino largo y culebrero que tenía como meta la máxima categoría del automovilismo.
Así las cosas, el único camino que queda es dar el salto al exterior y multiplicar por cuatro, pues es evidente que la devaluación del peso, al tomar la decisión de traspasar las fronteras, afecta en gran medida. Además, hay que decirlo, la empresa privada mira muy poco hacia esta disciplina y, en caso de hacerlo, los presupuestos, aunque hay que valorarlos, resultan mínimos.
Frente a este panorama, el Cuchenials había decidido hacerse a un lado y ser un simple espectador de los acontecimientos, sin comprometerse en demasía, evitando ser testigo de ese desgaste de las familias frente a esos presupuestos inalcanzables y de esas frustraciones que golpean el alma y el corazón. Y también porque a pesar de siempre estar atento a las actuaciones de muchos de los pilotos en mención, como quedó plasmado en el libro ‘Crónicas de Velocidad’, el desinterés total de la gran mayoría de ellos por ese documento (no todos) generó alguna desilusión, pues soy de carne y hueso y un poco sentimental. Incluso, esos padres que siempre tuvieron las puertas abiertas y línea directa, fuera la hora que fuera, dejaron de contestar, pues de por medio ya no hay un interés que los beneficie.
Y aunque desde la tribuna de revistaautosmas.com y desde Facebook sigo dando la batalla, a veces siento que la ‘gasolina’ y la energía se agota y que quizás lo que deba hacer es dar un paso al costado y optar por los silencios, para ser recíproco con la justicia. De las últimas historias me dejé seducir por Jerónimo Berrío, a quien considero que es en la actualidad uno de los jóvenes pilotos con mayor potencial, pero que en este comienzo del año ha tenido que hacer un alto en el camino, precisamente por ese tema que mencionamos al comienzo, el de los recursos.
De igual manera me he dado a la tarea de tratar de seguir las actuaciones de Sebastián Montoya, madrugando y siguiendo atento las transmisiones de televisión y los tiempos en vivo, pues aunque uno se lo proponga es difícil dejar a un lado la pasión. Reconozco que me he alejado del automovilismo nacional y del Autódromo de Tocancipá, escenario que fue mi casa durante muchos domingos. Y acá doy la explicación de cuál es mi razón y espero ser bien entendido, pues pienso que a estas alturas debe existir una motivación, pues es claro que al asistir al escenario no solo hay que sacrificar tiempo de la familia, sino que también hay que incurrir en gastos y como dicen, el ‘palo no está para cucharas’.
Pero aquí estamos, arañándole tiempo al descanso para escribir lo que se siente, algo que a veces se hace necesario. El culpable, Jaime con su interrogante. Saber que se puede y creer que se puede…