La temporada de lluvias vuelve a poner a prueba las vías del país

De acuerdo con el IDEAM, las primeras semanas de enero registraron precipitaciones superiores a los promedios históricos en las regiones Orinoquía, Caribe y Andina. Este incremento pluvial eleva considerablemente el riesgo de deslizamientos e inundaciones, lo que hace imperativo fortalecer las estrategias de prevención en la infraestructura vial nacional. La urgencia de estas medidas se refleja en las cifras de 2024, año en el que se reportaron 1.260 eventos críticos (incluyendo avenidas torrenciales), evidenciando la alta presión que los fenómenos climáticos ejercen sobre la red vial y su capacidad de respuesta.
A este escenario de vulnerabilidad climática se suma el desgaste derivado del transporte de carga, que continúa incrementando la exigencia sobre la infraestructura. Según el Ministerio de Transporte, en el primer trimestre de 2024 se movilizaron 34,9 millones de toneladas por carretera, mientras que en meses como julio y septiembre se registraron 12.540.417 y 12.095.680 toneladas, respectivamente. Al cierre del año, el país había transportado cerca de 183 millones de toneladas, un crecimiento del 6 % frente a 2023 y un recordatorio de que más del 80 % de las mercancías depende del estado de las vías.
En este contexto, la durabilidad del asfalto y la eficiencia de los procesos de mantenimiento se vuelven esenciales para garantizar la movilidad, el abastecimiento y la seguridad vial. Por ello, distintos países han empezado a incorporar soluciones que refuercen el pavimento, mitiguen la aparición de fallas prematuras y mejoren su desempeño frente a climas variables o cargas pesadas. Entre estas alternativas se encuentran los aditivos bituminosos, empleados para fortalecer la estructura del betún y prolongar la vida útil del pavimento. En Colombia, BASF ha desarrollado B2Last, un aditivo diseñado para aumentar la resistencia del asfalto y reducir la necesidad de intervenciones frecuentes, especialmente en temporadas donde las lluvias intensifican el desgaste de las vías.
“Desde la compañía se ha desarrollado un insumo que prolonga la vida útil de las carreteras, reduce la huella de carbono y facilita el reciclaje del asfalto. Este aditivo llamado B2Last reacciona con los compuestos del betún, formando un potente entrecruzamiento entre los materiales, haciendo el asfalto más resistente a las fisuras y más duradero. Además, disminuye la necesidad de pavimentar con frecuencia, reduce las emisiones de CO₂ durante la producción, permite el uso de asfalto reciclado y durante la modificación puede reducirse el tiempo de mezcla”, explica Iván Petit, asesor de negocios químicos industriales de BASF Colombia.
Los avances en tecnología vial también están transformando la forma en que se produce y conserva el asfalto. Hoy existen soluciones que permiten fabricar mezclas a temperaturas más bajas, lo que reduce el consumo de energía y disminuye las emisiones generadas durante su producción. Esto es clave en un país donde mantener las vías en buen estado implica intervenciones constantes y presupuestos cada vez más exigentes.
Según análisis del sector publicados en 2024, producir asfalto a temperaturas más altas puede generar alrededor de 70 kg de CO₂ por tonelada, mientras que las tecnologías más recientes permiten bajar esa cifra cerca de un 12 %. Incluso en proyectos reales se ha visto que, al disminuir la temperatura del proceso en unos 30 grados, las emisiones pueden reducirse más del 20 %, lo que demuestra el impacto ambiental positivo de estas alternativas.
Además de los beneficios ambientales, las carreteras que incorporan aditivos modernos han mostrado un mejor comportamiento frente a la humedad, los cambios de temperatura y el tráfico pesado. En países como Estados Unidos y Alemania, donde estas tecnologías ya forman parte de la práctica habitual, los pavimentos mantienen por más tiempo su estabilidad, lo que reduce la frecuencia de reparaciones y facilita el uso de materiales reciclados en procesos de conservación.