Mitsubishi rompe esquemas

Quienes estamos inmersos en el llamado “mundo automotor” nos hemos acostumbrados a escuchar, en las presentaciones, términos asociados a las potencias y torques, máximas velocidades, autonomías, asistencias a la conducción, diseño aerodinámicos y conectividad. Temas y conceptos repetitivos, pero al fin de al cabo, si nos ponemos a ver, los automóviles siguen teniendo cuatro ruedas pegadas al asfalto y gracias a ellas se nos permite desplazarnos de un lugar a otro.
Pero a veces se hace necesario salir de la rutina y permitirse libertades, abrir la mente y aprender, por ejemplo, que en pleno corazón de la ciudad (Bogotá) hay un lugar escondido, el Centro del Japón, en el que se puede tener desde 2018 una conexión con la cultura de ese país, pero además saber que su construcción ganó el premio nacional de arquitectura en 2020.
O también darse la oportunidad de montarse en una van, en medio de un trancón de viernes por la tarde, cerrar los ojos y a través de una meditación guiada regresar a esos momentos en los que fuimos felices y que por nada del mundo se podrían comparar con el lujo de las cosas materiales.
Degustar de la gastronomía japonesa y mientras ello sucede, escuchar reflexiones que nos ponen a pensar, pues es claro que vivimos en medio de dudas y un ejemplo claro, como lo compartió Marco Pastrana, el gerente de Motorysa, que representa la marca Mitsubishi en el país, es que “el 74% de las personas que trabajan en el sector automotor en el mundo viven en estado de incertidumbre y el 95% tiene miedo de perder su trabajo”.
El futuro nos preocupa y nos llena la cabeza de situaciones que podrían ser, casi siempre negativas, y que al final no resultan siendo. Por eso la importancia del ahora y entender, quizás, que el lujo no está en lo que nos han vendido, sino que realmente se encuentra en cosas sencillas y que tienen como eje principal la familia, los verdaderos amigos y las experiencias vividas a plenitud.
Bajo estas premisas y rompiendo los moldes, la marca japonesa Mitsubishi se atrevió a salir de lo convencional y, en su nueva plataforma de comunicación (El Verdadero Lujo), si bien sus vehículos siguen siendo el eje, se han dado a la tarea de rescatar esos momentos inolvidables para los propietarios, a bordo de un Montero, una Otlander o una L200 Triton,
Con ella se vuelve a la esencia del ‘Monozukuri’, el concepto japonés que define la excelencia en la fabricación, pero llevándolo un paso más allá y de la perfección técnica a la conexión emocional. Es decir, que además de herramienta de transporte, un Mitsubishi es el mejor escenario para convertirse en guardián de recuerdos y en una ventana para descubrir aspectos que verdaderamente importan y que terminan trascendiendo con el paso de los años.
Para materializar esta filosofía, la marca presentó una pieza cinematográfica que se aleja de los estándares publicitarios tradicionales. La historia narra el viaje de Pablo y su hija Camila, quienes, tras una pérdida familiar, deben reencontrarse en el silencio de la cabina de su Mitsubishi, un cortometraje que explora el legado, la reconciliación y el valor de los momentos que se guardan en el baúl de los recuerdos y que tocan el alma y los corazones de sus protagonistas.
“Hoy entendemos que el lujo no se mide en lo que tienes, sino en lo que haces con lo que tienes. Un Mitsubishi no es solo una herramienta de movilidad; es un cómplice que protege lo más sagrado que tenemos: nuestros vínculos y nuestros recuerdos. Durante décadas, el lujo en la industria automotriz se midió en caballos de fuerza, acabados en cuero y estatus. Hoy, rompemos con ese paradigma para proponer una visión más profunda y humana: “El Verdadero Lujo”, señaló Carolina Camacho, gerente de Mitsubishi Motors Colombia.
Con más de cuatro décadas de presencia en Colombia de la mano de Motorysa, Mitsubishi Motors sigue evolucionando. Hoy, la marca combina su legendaria ingeniería japonesa con una sensibilidad emocional que pone al ser humano en el centro de cada innovación, recordándonos que, al final del día, lo realmente valioso no es a dónde llegas, sino con quién compartes el viaje.
Porque las cosas buenas perduran, como lo han experimentado desde 1978 los colombianos gracias a Motorysa. O como lo comenzaron a hacer los 860.000 compradores el año pasado (800 de ellos de este país), porque tal vez el lujo no está en vender por vender, sino en ser rentables, y a partir de ello ofrecerles a sus clientes las mejores experiencias.
Y no olvidar que los vehículos si bien son máquinas y fierros, terminan por tener alma y corazón. Y su verdadero lujo no está detrás del equipamiento ni en la potencia de sus motores, sino en las experiencias vividas por seres humanos de carne y hueso…