“El sueño de la Fórmula 1 se mantiene”: Sebastián Montoya
Las imágenes del abuelo, Pablo Montoya, alistándose para salir a la renovada pista del Autódromo de Tocancipá, el pasado 21 de febrero, en el auto amarillo marcado con el número 58 (MITJET con carrocería BMW), despierta un gran sentimiento en Sebastián Montoya, quien tras dos top 10 en la Fórmula 2, en Australia, y luego de más de 35 horas de vuelo, vino al país para cumplirle una cita a la prensa nacional y a sus principales patrocinadores en el Claro Gaming.
El video, mostrado por el Cuchenials, lo toma por sorpresa y queda en evidencia una profunda emoción. “Uyyyy, ver estas imágenes me genera felicidad y una gran alegría. Qué loco que es mi abuelo, él es bastante especial para mí”. Su rostro se ilumina y tras esbozar una sonrisa recuerda que “una vez tuvimos la oportunidad, las tres generaciones, de manejar el carro en un kartódromo (Zarzal). Primero lo hizo mi papá, después yo y por último mi abuelo. Toda esta historia comenzó con él (Pablo) y el amor por este deporte se ha mantenido y ha unido a la familia. Me llena de mucha alegría que él siga corriendo. Definitivamente mi abuelo está loco y lo quiero mucho”.
El video, por lo visto, también lo lleva al pasado y a escarbar en el baúl de sus recuerdos infantiles, como se puede descifrar en sus palabras: “Él de chiquito me recogía en el colegio cuando mi papá corría en Nascar y me llevaba a la pista. Ya después, cuando yo competía en karts, me acompañó en Homestead y cuando llegó me dijo, ‘en vez de cambiar el setup (puesta a punto), lo único que deben hacer es bajar la presión de las llantas. No se preocupe, sólo manéjelo y verá’. Y ese día nos fue muy bien”.
Si bien Pablo Montoya es un abuelo consentidor con todos sus nietos, cuando se trata de automovilismo las cosas son diferentes, como lo hace saber Sebastián, quien de nuevo hace un viaje hacia el pasado y trae a la memoria la carrera de Ímola en Fórmula 2, el año pasado, en la que el piloto colombiano se clasificó en segunda posición.
“Reitero, mi abuelo es especial, pero le encanta criticar siempre, y lo hace para que yo mejore, mejore y mejore. Pero ese día me dijo, ‘Sebas, está manejando superbien’. Y esas palabras me llenaron de felicidad y por eso tengo que agradecerle todo lo que ha hecho por mí”.
Y de los consejos del abuelo, Sebastían ha pasado a los del papá, el piloto que a comienzos de 2001 puso a vibrar a todo un país con sus actuaciones de la F1, el mismo que le dijo a Michael Schumacher “presente”, en la llamada ‘S’ de Senna, en Interlagos, en un sobrepaso inolvidable y que dio cuenta de lo que era capaz el colombiano.
Sebastián ya está cerca de los 21 años y la relación padre e hijo, pese al paso de los años, se ha mantenido muy firme. “Con mi papá la relación es única. Pasamos mucho tiempo juntos, y más que ser un papá es mi mejor amigo. Vamos al pádel, hacemos simulador juntos y jugamos al golf. Cuando estamos en la pista siempre me motiva para ser mejor, cuando me va bien lo reconoce y cuando me va mal me pregunta qué fue lo que pasó. Sé que él quiere lo mejor para mí y siempre me ha dicho que yo no sé lo bueno que soy, pero sé que soy muy rápido. Tengo metas y mi papá está empujando para que las pueda cumplir. Sin él no estaría donde estoy”.
El debut en Australia le dejó dos top 10 y muchas enseñanzas, y si bien ya hay unas bases, en un deporte como el automovilismo cada fin de semana es diferente y eso lo tiene muy claro el piloto nacional. “Lo importante es trabajar duro, pero nuestra meta es clara, todos los fines de semana llegamos con la actitud de ganar. Es difícil y complicado, pero en todas las sesiones quiero salir y hacer las vueltas más rápidas y ser el mejor”.
Si bien reconoce que los resultados de las dos primeras carreras no fueron los ideales, prefiere ver el vaso medio lleno. “Obtuvimos dos top 10, y no me puedo quejar. Tengo que estar muy agradecido por las cosas que hemos hecho. No fue tan malo, pero esto me lleva a pensar que en un muy buen fin de semana se pueden obtener mejores cosas”.
Prema es su equipo por segunda temporada y si bien ha tenido algunos cambios en su estructura, que en un comienzo fueron difíciles, está muy optimista. “Los mecánicos son los mismos, aunque los jefes de arriba cambiaron. Mi segundo ingeniero ya no está, pero eso se sabía porque se fue a la F1 y le deseo lo mejor. Al comienzo fue estresante, pues habíamos estado todo el año aprendiendo juntos y fue dura su partida. Pero con mi nuevo ingeniero estoy muy contento y todo se da por algo. Dios tiene un plan para todo el mundo y creo que en el camino que estoy ahorita es el adecuado”.
El español Mari Boya es su nuevo compañero de equipo y fue quien remplazo al italiano Gabriele Mini, y sobre su relación opina que “es muy buena. Éramos amigos desde el kartismo y es chistoso que después de nueve años ahora estemos juntos y eso lo comentamos. Él es muy rápido y los dos empujamos para sacar lo mejor de cada uno. Y al igual que como sucedió con Mini, queremos el mejor carro para el equipo, pero al final cada uno de nosotros lo que quieres ganar”.
En el automovilismo, además de la parte física, se deben trabajar muchos aspectos y en los últimos años el trabajo mental ha cobrado protagonismo. Y, en ese sentido, el colombiano entiende a la perfección su importancia. “Con mi sicólogo trabajamos mucho para ser consistentes, pues en este deporte es muy fácil perder la cabeza. Lo importante es poder seguir explorando qué se puede hacer para dar el siguiente paso, conseguir los objetivos y ser mejor piloto y persona”.
No promete resultados, pero sí “en cada vuelta dar el 110 por ciento. Hay que dar lo mejor y poder seguir sumando. Acá todos somos exigentes, mi papá lo es, pero él sabe lo duro que trabajo y siempre está pendiente de mirar que pasó y qué hay que cambiar. Antes de que me regañe, yo ya sé lo que hice mal. Lo importante es darse cuenta de los errores y entender que nadie es perfecto. Ni mi papá, ni los ingenieros ni yo. A veces el ego es muy grande y cuesta reconocer las equivocaciones, pero lo importantes es que toda la gente a mi alrededor es muy honesta conmigo y trabajamos bajo la misma mentalidad”.
¿Y el sueño? “Sigue intacto. Es ganar la F1. MI papá no pudo, pero dejó un legado. Yo al principio no lo entendía y creía que me jodía mucho, pero ahora sé que lo que quiere es trasladare toda su experiencia para llegar a la meta”.