“Sueño con la triple corona”: Juan Esteban Pardo
La inocencia y espontaneidad de los niños no tiene precio. Ellos son transparentes, sin filtros y se dejan llevar por los sueños y la imaginación… “Yo quiero ser como Juan Pablo Montoya, que era como una serpiente, que cuando estaba de segundo siempre cazaba al primero. Le metía ganas a las cosas, compitió como Schumacher y le ganó”.
Juan Esteban Pardo Salinas es un pequeñín despierto, de esos a los que no le da pena expresarse, de los que también ‘hablan’ con los ojos y las manos, de esos que no tienen límites ni inconvenientes para afirmar que el objetivo “es ganarme la triple corona” (Fórmula Uno, 500 Millas de Indianápolis y las 24 Horas de Le Mans). Y lo hace con tal seguridad, que hasta uno se deja contagiar por el positivismo.
De hecho, es un jovencito que sueña despierto y que dice que en unos años se ve feliz en el podio, luego de recibir el trofeo que lo acredita como campeón mundial, al mando de un Red Bull, recibiendo el aplauso de miles de aficionados que lo ven celebrar en el podio.
Pero por el momento, con 10 años, su realidad es la Rotax Max Challenge y la misma dicta que, como tantos otros que se han dejado contagiar por la velocidad, arrancaron en una pista de diversiones, en su caso la de BIMA, al norte de Bogotá, en la que dio sus primeras vueltas en un kart.
“Inicié porque veía correr a mi papá en el TC Junior y el TC2000 y le fue muy bien, aunque yo quiero llegar mucho más lejos que él”, expresa Juan Esteban, quien podría decirse inició tarde, pues su primera experiencia se dio el año pasado, en una tarde de domingo, día en el que se dio cuenta que “era rápido, constante y muy bueno en los tiempos”, como lo ratifica su progenitor John Lenon Pardo, quien también quedó sorprendido con el desempeño de su hijo.
Si bien sintió ansiedad, la misma se fue convirtiendo en felicidad y en el deseo de ir cada vez más rápido, por lo que su padre, días después, no dudó en inscribirlo en la Escuela Colombiana de Karts, en la que recibió, en el Autódromo XRP de Cajicá, las primeras instrucciones de parte de Juan Pablo Rico. También ha recibido, en el proceso, apoyo de Felipe Merjech, un piloto de gran trayectoria en el automovilismo nacional.
En corto tiempo experimentó las mieles del triunfo y pudo celebrar en la válida celebrada en Barranquilla, en la categoría Micro, y si bien era tercero, enfrentó una serie de sanciones que lo alejaron del campeonato, por lo que se decidió junto con su equipo de trabajo competir las dos últimas competencias en la Mini, con el objetivo de foguearlo en una categoría superior y de esta forma poder estar en dos carreras internacionales, una de la Rotax en Uruguay, que da cupo al Mundial, y otra en Panamá o Estados Unidos.
Es decir, que el objetivo se centra en pistas internacionales y en sumar experiencia no solo en Rotax, sino también en Vortex, otro de los campeonatos que se disputan en el país. De hecho, pese a su corta experiencia, ya ha tenido participaciones Internacionales, en el Suramericano de Ecuador y Latinoamericano de Costa Rica, en donde si bien no se han dado los resultados por múltiples inconvenientes, ha demostrado rapidez.
Es agradecido y eso es mu importante. Reconoce el esfuerzo de su familia y también el trabajo de su mecánico, Jaime García, de quien dice es “muy amistoso y hace que los motores brillen y eso me hace feliz”. Eso sí, en medio de su sinceridad, muestra el inconformismo por una serie de decisiones que ha considerado injustas, algo que también hace parte del aprendizaje.
Estudia virtualmente, porque ello le permite viajar y cumplir con los compromisos en las pistas y dice que “además de hacer ejercicio entreno mi mente y pienso que puedo ganar, ganar y ganar. Y por eso me veo campeón mundial, porque me gusta la velocidad y pienso que es algo muy divertido. Antes de una carrera me siento ansioso, pero después me tranquilizo, porque si uno se pone nervioso la embarra”.
Dice haber aprendido de carburación, de las líneas de carrera y de dónde se debe frenar y acelerar y, lo más importante, s ele ve feliz con lo que hace y por eso resalta el apoyo de su familia y de LIQUI MOLY.
Como Juan Esteban hay miles de pilotos que sueñan con ser como Juan Pablo Montoya y su padre es consciente de que el camino es largo y difícil: “Lo importante, en este momento, es un piloto que tiene la velocidad, aunque hay que reconocer que la debilidad frente a sus rivales es la falta de experiencia. ES algo complejo, pero si el niño da los resultados podemos pensar en dar nuevos pasos y en unos años pensar en una Fórmula cuatro. El tiempo dirá si podemos llegar más lejos…”.