“Cómo sobrevivir al tráfico de Bogotá sin tener ojos en la espalda”: Volvo le cuenta

Bogotá ocupa el séptimo lugar entre las ciudades con mayor congestión vehicular del mundo. Según el TomTom Traffic Index 2025, recorrer apenas 10 kilómetros en la capital puede tomar cerca de 32 minutos. Pero el mayor desafío para quienes conducen no es el tiempo que pasan atrapados en el tráfico, sino la cantidad de riesgos que deben procesar al mismo tiempo. Entre motocicletas que aparecen entre carriles, ciclistas en puntos ciegos y peatones que cruzan de forma inesperada, la atención se ha convertido en uno de los recursos más valiosos para la seguridad vial.
En este entorno, conducir dejó de ser únicamente una cuestión de experiencia. Hoy también depende de la capacidad para anticipar situaciones que aparecen en cuestión de segundos y, muchas veces, en lugares donde el conductor simplemente no alcanza a mirar.
Quien maneja en Bogotá conoce la sensación. Una motocicleta que surge entre carriles cuando parecía no haber nadie, un ciclista que aparece en un punto ciego o un peatón que cruza de forma inesperada mientras la atención está puesta en el tráfico que viene al frente. Son situaciones cotidianas que explican por qué la seguridad automotriz ha evolucionado más allá de la protección en caso de accidente para concentrarse en algo aún más importante: evitar que ocurra.
Esa es precisamente la filosofía que Volvo ha desarrollado durante décadas. Mientras la industria avanzaba en sistemas de protección pasiva, la marca sueca apostó por tecnologías capaces de ayudar al conductor a identificar riesgos antes de que se conviertan en una emergencia. Hoy, herramientas como City Safety utilizan cámaras y sensores para monitorear permanentemente el entorno del vehículo, identificar peatones, ciclistas, motociclistas y otros vehículos, y emitir alertas cuando detectan una posible situación de riesgo. En determinados escenarios, incluso pueden intervenir para ayudar a evitar o mitigar una colisión.
La utilidad de estas tecnologías resulta especialmente evidente en ciudades complejas como Bogotá. De acuerdo con cifras del Observatorio Fiscal del Distrito, para cierre de 2025 las motocicletas representan el 18 % del parque automotor de la ciudad, lo que incrementa las interacciones en puntos de difícil visibilidad y aumenta la necesidad de contar con sistemas capaces de ampliar el campo de percepción del conductor.
“Las ciudades son cada vez más complejas y los conductores deben procesar una enorme cantidad de información al mismo tiempo. La tecnología permite sumar una capa adicional de seguridad al identificar situaciones que pueden pasar desapercibidas incluso para una persona atenta. El propósito sigue siendo el mismo de siempre: ayudar a proteger a las personas”, afirma Alberto Telch, Brand Manager de Volvo Cars Colombia.
La tecnología, por supuesto, no reemplaza la responsabilidad al volante. Mantener la atención, respetar las normas de tránsito y anticipar el comportamiento de otros actores viales seguirá siendo la mejor herramienta de seguridad. Sin embargo, en una ciudad donde una distracción de segundos puede marcar la diferencia, contar con un vehículo capaz de monitorear constantemente lo que ocurre alrededor se ha convertido en un aliado silencioso.
Porque sobrevivir al tráfico de Bogotá no consiste en tener mejores reflejos que los demás. Consiste en contar con herramientas capaces de ampliar la percepción del conductor y ayudarle a tomar mejores decisiones antes de que aparezca el riesgo. Esa idea, precisamente, ha guiado durante décadas el desarrollo de las tecnologías de seguridad de Volvo.