Gerónimo Gómez Azza, el piloto que sueña con las 24 Horas de Le Mans y de Daytona
Hay frases que retumban en la mente del piloto colombiano Gerónimo Gómez Azza. Una, la que siempre le ha escuchado decir a su mamá (Mónica): “hay que soñar con ser Papa para ser cura”. Otra, la que les dijo en un encuentro casual el brasileño Émerson Fittipaldi: “nunca permitan que les digan que no se puede”. Y, por último, la que se repite a diario y que tiene como meta convertirse en el primer colombiano en ser el ganador de las 24 Horas de Le Mans: “si algún ser humano lo ha hecho, sé que yo lo puedo hacer”…
Gerónimo, quien hoy compite en Europa en la Michelin Le Mans Cup (LMP3), tiene 17 años, pero fácilmente se podría pensar que son muchos más. No solo porque se expresa con madurez, sino también porque ha crecido en estatura de manera acelerada, alcanzando los 1.96 metros, por lo que difícilmente su figura pasa desapercibida, situación física que lo ha llevado a adelantarse en procesos de su carrera deportiva.¿Y por qué no basquetbolista? Bien podría serlo, pero como él afirma con seguridad: “Desde muy pequeño, por circunstancias de la vida, he tenido acceso a los carros. Mi papá es un gran aficionado a la mecánica y a los vehículos y me obsesioné mucho con el diseño y los motores y aunque era mi pasión, no encontraba conectar con ese gusto que tenía. Empecé a buscar cómo podía exprimir lo que me gustaba y nos encontramos con la Escuela de Karts. La primera vez que monté, a los 8 años, sentí que era lo mío. Fuimos con mi mamá y me explicaron la parte teórica y ya en la práctica me salí mil veces, por lo que pensé que era malísimo (risas), pero nunca había sentido esa sensación y por eso desde ese día no me he podido bajar”.
En efecto. Como tenía que ser, su escuela fueron los karts e hizo el proceso completo. Comenzó en la Rotax con la Micro y luego pasó a la Junior, categoría de la que se convirtió en campeón nacional en tres oportunidades, obteniendo tiquete para el Mundial de Portimao, en Portugal, y por su estatura le tocó ‘adelantarse’ a la Shifter, en la que también fue el mejor del país, logrando el cupo para el Mundial de Lonato, en Italia, en el que fue Top10. Además, fue campeón del Supernacional, un trofeo que entrega la Federación Colombiana de Karts.Así como su experiencia comenzó a crecer, también lo hizo su cuerpo y se hizo necesario su paso al automovilismo. La puerta de entrada, los Turismos. “Fue una transición fluida y no tan complicada, aunque son mundos muy diferentes. Empecé en un Chevrolet Sonic y luego tuve la posibilidad de probar en la Optimist Cup, en un Fórmula 4 (ganó en Mugello, Italia), y posteriormente en un GT y en la LMP3, que a la postre fue la que más me gustó y me mostró que era en la que más había posibilidad de crecer, teniendo en cuenta los presupuestos y porque consideramos que se estaba dando en el momento perfecto para entrar. Además, es el comienzo para poder cumplir el sueño de competir en las 24 Horas de Le Mans y en 24 Horas de Daytona”.
A Gerónimo le gusta habar en plural y lo hace porque su carrera deportiva se ha convertido en un proyecto familiar, en la que su progenitora oficia como mánager y su padre, dedicado a la comercialización de arte, como el encargado de conseguir el presupuesto para poder seguir ‘inyectando la gasolina’ que se requiere para seguir adelante.
¿Son conscientes en lo que están metidos?Gerónimo responde de inmediato: “Sí lo soy y sé que es muy duro y fuerte financieramente, por los viajes y todo lo que se necesita en este deporte”. Inmediatamente, Mónica Azza, su mamá, interviene: “El apoyo en el país es muy poco para el automovilismo. Nosotros tenemos algunos ahorros para poder garantizar esta temporada y la de 2027 y no queremos que nos pase como a otros pilotos que por falta de presupuesto se han quedado en el camino. Yo soy una mujer de comunicaciones y manejo el mundo comercial y aunque sé que el tema presupuestal es complejo, no es imposible. Esto no es un simple ‘hobbie’ y eso lo tenemos muy claro y sabemos que hay un piloto que está mostrando resultados”.
Gerónimo, además del papá, tiene el apoyo de Marca País, a través de Procolombia, y también se han sumado Amor Perfecto y Positiva Colombia (para el tema de los seguros), Goazz Fine Art y Aludica: “Todo el apoyo es de gran ayuda y suma”, dice Mónica, y Gerónimo complementa: “definitivamente para un piloto colombiano el tema más complicado es el financiero, pues hay que convertir pesos en euros, pero las empresas que apoyan pueden obtener beneficios tributarios, algo que no sé conoce mucho, pero que no es complicado de hacer”.
Otra de las desventajas que destaca el piloto colombiano es que “no es fácil pasar de un autódromo de dos kilómetros y medio a uno de 14, con pistas más ancha y más infraestructura. Acá el automovilismo es muy rudimentario y hay categorías en la que hay mucha diferencia entre el auto de punta y el tercero”.Pero estar en la Michelin Le Mans Cup lo tiene muy motivado, pues considera que “es el campeonato más importante del Endurance. Este año es mi primero en Europa y considero que hemos logrado muy buenos resultados en la LMP3. En Le Mans estuvimos adelante y le entregué el auto a mi compañero en sexto lugar, pero él tuvo un choque y por momentos lograos estar cuartos. En Paul Ricard lo entregué en el séptimo lugar y allí también me sentí muy bien. Ahora vine Spa-Francorchamps, el 22 de agosto, y la temporada se cierra con las competencias de Silverstone y Portimao.
Pero el gran objetivo de Gerónimo para 2027 es ascender a la LMP2 y por so “hay que buscar una buena silla y un buen equipo. Estamos buscando opciones y la idea, en octubre, es hacer un test en Portimao. Y ya luego, el sueño, y es el WEC, que reitero, es la meta”.
Y mientras llega la próxima cita en Bélgica, Gerónimo permanece trabajando fuerte, con disciplina y enfoque. “Me entreno tres días a la semana en la parte física con un entrenador y también cuento con un buen simulador, que es lo que me permite tener ‘cercanía’ con las pistas. También un psicólogo deportivo y estudio de manera virtual en la Clan Academy, que me colabora con los tiempos. Mi meta es ser automovilista profesional, aunque no descarto en el futuro entrar a una universidad, pues en este sentido también hay opciones para los pilotos”.
¿Fortalezas?En sus propias palabras: “Dentro de la pista soy un piloto frío y calculador. No soy de los que se deja llevar por sus emociones ni sale a matarse porque sí, sino que sale a entender la razón de las cosas. Hay que ser rápidos y buscar ser primero, pero no romper el carro sin sentido. No he tenido choques y por el momento no he afectado al carro ni al equipo”.
Y la otra cara de la moneda: “Por supuesto que me falta mucho y debo trabajar en la adaptación, pues son carreras de duración en las que hay que saber aguantar la presión y ser consciente de todo lo que está en juego”.
Porque definitivamente, se vale soñar en grande y “hay que apuntarle a las estrellas para pegarle a la Luna”…
Juan Carlos Salgado Jaramillo, editor