¿Qué cambiaría en la ciudad si más carros dejaran de emitir gases por el tubo de escape? Geely responde

Una ciudad con más vehículos eléctricos no necesariamente tiene menos tráfico. Tampoco necesita menos vías ni reemplaza la importancia del transporte público, la bicicleta o caminar. Pero sí puede cambiar algo que millones de personas experimentan todos los días: las emisiones directas y parte del ruido generado a nivel de calle.
La pregunta adquiere cada vez mayor relevancia en Colombia. De acuerdo con ANDI y Fenalco, durante julio de 2026 se matricularon 4.870 vehículos eléctricos, un crecimiento del 211 % frente al mismo mes de 2025. En el primer semestre del año ya se habían registrado 24.477 unidades, un aumento del 235,5 %.
A medida que aumenta el número de eléctricos en circulación, la conversación empieza a trascender al propio vehículo: ¿qué ocurre con el entorno urbano cuando una parte creciente del parque automotor deja de generar emisiones directamente por el tubo de escape?
Lo que desaparece del tubo de escape
Las fuentes móviles —automóviles, motocicletas, buses y camiones— representan uno de los desafíos para la calidad del aire en los grandes centros urbanos del país, según el IDEAM. La combustión de gasolina y diésel genera contaminantes como óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono y material particulado, con una característica especialmente relevante para las ciudades: parte de esas emisiones ocurre a nivel de calle, cerca de donde las personas viven, caminan, trabajan y se desplazan.
Los vehículos 100 % eléctricos eliminan las emisiones directas provenientes del tubo de escape durante la conducción. Eso no significa que su huella ambiental sea cero.
La generación de la electricidad, la fabricación del vehículo y de la batería, así como su gestión al final de la vida útil, también forman parte de la ecuación ambiental. Sin embargo, desde una perspectiva urbana, retirar progresivamente emisiones directas del lugar donde circulan los vehículos plantea un cambio relevante para la relación entre movilidad y calidad del aire.
“La electrificación no debería entenderse únicamente como un cambio en la tecnología del automóvil. Cuando disminuyen progresivamente las emisiones directas a nivel de calle, también cambia la relación entre movilidad y ciudad. El beneficio potencial está precisamente en lo que ocurre fuera del vehículo”, afirma Diego Zárate, gerente general de Geely Colombia.
La contaminación urbana no está únicamente en el aire. La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica al tráfico vehicular como una fuente relevante de ruido ambiental y ha relacionado la exposición excesiva al ruido con efectos sobre el bienestar y la salud de las personas.
En ese escenario, la electrificación introduce otra diferencia: a bajas velocidades, un motor eléctrico genera menos ruido de propulsión que uno de combustión.
El efecto no es igual bajo todas las condiciones. A medida que aumenta la velocidad, otros factores —como el contacto de los neumáticos con la vía y el ruido aerodinámico— adquieren mayor importancia. Pero en entornos urbanos, donde buena parte de la circulación ocurre a velocidades bajas o moderadas, la reducción del ruido asociado a la propulsión abre otra dimensión de la transición eléctrica que suele recibir menos atención que la autonomía o los tiempos de carga.
La electrificación del parque automotor no puede entenderse como una solución aislada a los desafíos urbanos. Una ciudad sostenible también necesita transporte público eficiente, movilidad activa, infraestructura, planeación territorial y decisiones que permitan que las personas se desplacen de manera más eficiente.
“Una ciudad sostenible no se construye con una sola tecnología ni depende exclusivamente del automóvil. Requiere transporte público, movilidad activa, infraestructura y planeación. Pero también necesitamos que los vehículos que seguirán circulando sean progresivamente más eficientes y limpios. Ahí la electrificación tiene un papel concreto dentro de una transformación mucho más amplia”, agrega Zárate.
Geely participa en esta transición en Colombia con alternativas 100 % eléctricas como EX2 y EX5, complementadas por Starray EM-i, su propuesta híbrida enchufable, ampliando las opciones disponibles para usuarios con diferentes necesidades de movilidad.
El desafío, por tanto, no consiste simplemente en sustituir todos los vehículos de combustión por eléctricos. Consiste en integrar tecnologías de nuevas energías dentro de una transformación más amplia de la forma en que las ciudades se mueven.
La electrificación por sí sola no resolverá los desafíos de movilidad de las ciudades colombianas. Pero a medida que más vehículos de combustión sean reemplazados por tecnologías de menores emisiones directas, puede contribuir a transformar una parte de la experiencia urbana que durante décadas hemos asumido como inevitable: respirar y escuchar el tráfico. El debate sobre movilidad eléctrica, entonces, empieza a salir del vehículo. La pregunta ya no es solamente cómo nos movemos. También es qué tipo de ciudad dejamos mientras lo hacemos.