La responsabilidad de los consejos

Podría quien esto escribe adoptar la postura cómoda de “hablar bien” de todas y todos, y no me refiero a esa polémica de los géneros, sino de las marcas y sus vehículos. Pero pues así como perdió el curso de la impuntualidad, también sigue reprobando con bajas notas el de decir lo que es políticamente correcto o conveniente.
Y pienso que cuando se está en el mundo de la comunicación se debe ser muy responsable y de igual manera ser honesto con quienes tocan nuestras puertas para pedirnos un consejo al momento de una compra tan importante como la de un vehículo. Siempre intento ser lo más justo posible en este sentido y decantarme por esa frase sabia “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, anteponiendo las necesidades del conductor y obviamente propendiendo para que su compra sea acertada y su inversión correspondida. Y son muchos los aspectos que pongo en consideración y me gasto el tiempo que sea necesario, porque la llamada “asesoría” debe ser responsable, pues con el tiempo quienes nos atrevemos a hacerla podemos terminar siendo juzgados.
En ese orden de ideas siempre pongo sobre la mesa la importancia de la posventa y el trato que le da una marca posterior a la venta, pero de igual manera intento identificar la verdadera necsidad del potencial comprador y a partir de ahí me atrevo a recomendar. Claro, sentirse bien con lo que uno compra es fundamental, y por eso también es relevante tener una prueba de manejo para descubrir las sensaciones y emociones. Pero también se debe entender que cuando se da el sí se le está dando el sí a un matrimonio con deberes y obligaciones.
La llamada fidelidad, como sucede en una relación amorosa, se mantiene en el tiempo de acuerdo con el trato y respeto recibido. El cliente lo que más valora es la transparencia y la honestidad y que las promesas se cumplan, que cuando toque las puertas del taller reciba el mismo trato que cuando va a comprar, porque una cosa es el momento de felicidad cuando se compra y otra bien diferente cuando no hay soluciones prontas a una falla. La posventa, desde mi punto de vista, es la garantía de la larga vida de una marca y más en estos tiempos en los que la industria se ha atomizado y hay diferentes opciones por doquier. A veces no todo lo que brilla es oro…