Unos minutos con Frank Williams

Muchas veces me han preguntado qué personajes de los que he entrevistado en mi quehacer periodístico me han impresionado. Y en la lista, sin duda alguna, está Sir. Frank Williams, quien falleció este 28 de noviembre y se fue a descansar con los ídolos, como Ayrton Senna.

Tuve la oportunidad de estar con él, frente a frente, en la temporada de 2001. La cita no se dio de inmediato y tuve que esperar cerca de dos meses y se dio porque en la escudería me empezaron a ver en diferentes Grandes Premios de ese año, en la búsqueda de noticias e informaciones de Juan Pablo Montoya y también en el llamado ‘Hospitality’, al que Juan Pablo me permitía acceder y gracias a ello aliviar mis finanzas, al tener acceso a las viandas dispuestas para el equipo y sus invitados.

Esperé con paciencia el sí de la jefe de prensa y la cita se dio en Hockenheim, en Alemania, donde Juan Pablo obtuvo su primera pole position de su carrera y en donde estuvo a punto de ganar su primera competencia en la máxima categoría del automovilismo mundial, de no haber sido por fallas de su motor BMW. Llegué puntual a uno de los ‘motorhome’ de la escudería, dispuesta para la oficina de Frank y estuve acompañado por Pablo Montoya, quien me ayudó con la traducción. Era un lugar impecable, con una sala en redondo a la que fui invitado a sentarme y pensé ver a mi entrevistado en su silla de ruedas, que lo acompañó desde el año 86, en sus épocas de piloto, cuando se topó con el infortunio, tras salir del circuito francés Paul Ricard.

Un día triste para él, específicamente el 8 de marzo, en compañía de Peter Windsor, en ese entonces director de patrocinio y quien terminó siendo columnista destacado de F1 Racing, la revista británica que tuvo una edición especial para Colombia y cuya edición me fue encomendada, gracias a la confianza de John Pearl, quien tenía los derechos de la publicación para el país. La historia ya es conocida, Frank no llevaba el cinturón de seguridad puesto y el accidente no le permitió volver a caminar. Pero contrario a lo que yo pensaba, Frank me atendió ‘parado’ y mirándome fijamente a los ojos, pues para esas citas le habían acondicionado un arnés especial que le permitía mantenerse erguido. Siempre tuvo un tono cálido y una sonrisa permanente y las palabras las enfatizaba con su mirada.

Me habló de Juan Pablo y de lo que él significaba para el equipo y de lo que esperaba del colombiano. Una charla amena y muy significativa para mí, porque me permitió compartir unos minutos con un hombre que no se dejó vencer por la tragedia y terminó construyendo una de las escuderías históricas del automovilismo mundial.

Gracias Frank por ese pequeño espacio de tiempo, que me enseñó a ver la vida de una manera diferente y entender que los obstáculos son mentales y que pese a los momentos difíciles siempre habrá oportunidades para triunfar…

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