Refrescando la memoria
Llegan momentos en los que se hace preciso hablar, o en este caso escribir para aclarar dudas y para que los comentarios no se aparten de la realidad. Me he dado a la tarea de revivir, a través de lo que he llamado el baúl de los recuerdos, algunas fotos del automovilismo y entre ellas un buen número de Juan Pablo Montoya. Y a quienes me han invitado a que conozca la historia y hacen afirmaciones sin sustento alguno, me siento en el deber de hacer algunas aclaraciones.
En muchos comentarios se dice que Juan Pablo Montoya se hizo solo y que nadie lo ayudó en el país y creo que hay que hacer memoria, en aras de la justicia y para que no se sigan diciendo cosas que no son. Y quiero partir que en un alto porcentaje los logros obtenidos se deben a que don Pablo Montoya nunca dio su brazo a torcer y que ese esfuerzo y sacrificio encontró un gran complemento en el talento del piloto bogotano.
En los procesos, y más en un deporte como el automovilismo, en el que se requieren grandes inversiones, se debe sumar y cualquier dinero que llegue resulta fundamental, aunque siempre quedará faltando, porque reitero, las cifras que se manejan en el automovilismo internacional son de grandes proporciones, y más cuando hay que convertir los pesos en euros y dólares. Pues bien, afirmar que Juan Pablo nunca tuvo apoyo en el país no es cierto. Dar “apoyo”, tiene muchas aristas, y se da en momentos difíciles. Se da con una palabra certera en momentos determinados, con un consejo y obviamente, de manera material cuando se hace necesario.

Pues bien, en ese orden de ideas voy a ser puntual y voy a mencionar a personas que de alguna manera estuvieron presentes en el comienzo de un proceso que todos sabemos no fue fácil. Cuando no se encontró el mejor ambiente en el país, don Pablo decidió dar el salto a Estados Unidos, a la Barber Saab, categoría en la que ya llevaba varios años Diego Guzmán. Y para hacerlo encontró un espaldarazo de Manuel Antonio Lince, el dueño de Autoniza, quien aún sin conocerlo puso sobre la mesa algunos recursos. Avianca, que en ese entonces era propiedad del Grupo Santo Domingo, puso a disposición algunos de los tiquetes y antes lo había hecho la empresa de carga Tampa. Fui usuario de algunos de ellos, pues don Pablo los puso a disposición de El Espectador para hacer el cubrimiento de esa categoría en Estados Unidos.
Y prosigo. Para quienes afirman que Juan Pablo solo recibió apoyo cuando fue campeón en la Fórmula 3.000, también quiero refrescarles la memoria. Cuando Augusto López Valencia era el presidente del Grupo Santo Domingo dio el sí a través de la bebida Clausen y ese dinero ayudó para alivianar un poquito las cargas para cubrir los altos costos en Europa. Y también se sumó Terpel, que de igual manera puso su granito de arena. No puedo dejar por fuera a Luis Fernando Lenis, un empresario caleño que hizo lobby para que se dieran respuestas positivas, como la del Grupo Santo Domingo.
Estoy absolutamente seguro y no me cabe la menor duda de que si en una mesa le preguntan a don Pablo Montoya sobre estas tres personas, sus palabras serán de agradecimiento. Y sigo, aunque en este apartado no está de por medio el dinero, sino otras cosas que tienen valor, que para muchos pueden resultar más sentimentales. Y me refiero a Germán Mejía Pinto, quien se la jugó entero desde la parte periodística y logró transmitirnos buena parte de lo que sucedía en las pistas internacionales con Juan Pablo. No hay que olvidar que en ese entonces no había internet y que las comunicaciones que llegaban del exterior eran muy pocas, salvo los esfuerzos individuales para compartirlas.
Por eso lo hecho por Germán tiene mérito y no puede pasar como si nada. Tienen razón quienes afirman que la historia hay que conocerla, y pues creo tener algo de conocimiento para hacer esta disertación, pues de eso también puede dar fe don Pablo, pues en algunas ocasiones me ‘volé’ de las instalaciones de El Espectador para ayudarle a redactar las propuestas comerciales. Y podría seguir, pero finalizo con esta frase, dicha por el gran maestro, a “Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”…
Juan Carlos Salgado Jaramillo