Saber cuándo reemplazar el casco también salva vidas

En Colombia, la motocicleta hace parte de la vida cotidiana de 14 millones de personas. Es un medio de transporte, una herramienta de trabajo y una alternativa de movilidad para las familias. En ese contexto, fortalecer la cultura de la prevención y promover el uso adecuado de los elementos de protección resulta fundamental para contribuir a una movilidad más segura.
La evidencia internacional es clara. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso correcto del casco reduce en más del 40 % el riesgo de muerte y cerca del 70 % el riesgo de lesiones graves en motociclistas involucrados en un siniestro vial. No obstante, esta capacidad de protección depende de tres factores esenciales: que el casco esté certificado, que se utilice correctamente y que conserve las condiciones para las cuales fue diseñado.
Los esfuerzos adelantados durante los últimos años por autoridades, organizaciones, empresas y los propios motociclistas han contribuido a consolidar una cultura cada vez más sólida alrededor del uso del casco en Colombia. Hoy, el 79,2 % de los conductores lo utiliza, de acuerdo con el Observatorio de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, lo que refleja un avance significativo en materia de seguridad vial. El reto ahora es consolidar una verdadera cultura de protección para todos los ocupantes de la motocicleta, cerrando la brecha frente a los acompañantes, entre quienes el uso alcanza el 52,7 %, y promoviendo el uso de cascos certificados, correctamente ajustados y siempre abrochados. Esto cobra especial importancia si se tiene en cuenta que cerca de uno de cada cinco usuarios aún utiliza el casco de manera inadecuada, reduciendo significativamente la protección que este ofrece en caso de un siniestro vial.
“El casco es el principal elemento de protección del motociclista, pero su eficacia depende de su calidad, su estado y su uso correcto. En Colombia se comercializan más de un millón de cascos al año, por lo que fortalecer una cultura de compra responsable, revisión periódica y reemplazo oportuno puede contribuir significativamente a reducir la gravedad de las lesiones en caso de un siniestro vial”, afirmó Iván Darío García, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI.
¿Por qué un casco puede dejar de proteger?
Los cascos están diseñados para absorber parte de la energía que se genera durante un impacto. Su espuma interna se deforma de manera controlada para disminuir la fuerza que llega a la cabeza y al cerebro. Precisamente porque cumple esa función, una vez recibe un impacto importante puede perder parte de su capacidad de protección, incluso cuando externamente no presenta grietas, deformaciones o daños visibles.
Además del desgaste natural por el paso del tiempo, factores como la exposición permanente al sol, la humedad, el sudor, algunos productos químicos y pequeños golpes cotidianos deterioran progresivamente los materiales internos responsables de absorber la energía en caso de un accidente. Por esta razón, fabricantes, organismos internacionales y autoridades de seguridad vial coinciden en recomendar el reemplazo inmediato de cualquier casco que haya sufrido un impacto, así como su sustitución cuando haya superado su vida útil recomendada por el fabricante, generalmente alrededor de cinco años de uso, dependiendo de las condiciones de conservación.
MOVEMOS COLOMBIA recomienda cinco aspectos que todo motociclista debería revisar periódicamente en su casco:
Antes de cada recorrido, es recomendable verificar que el casco:
Cuente con una certificación vigente y visible, como la NTC 4533, ECE 22.05, ECE 22.06 o DOT/FMVSS 218.
No haya sufrido impactos previos. Aunque la carcasa parezca intacta, un casco que ya absorbió la energía de un incidente puede haber perdido su capacidad de protección.
Mantenga en buen estado las correas, el sistema de retención, el acolchado interior y los mecanismos de ajuste.
Tenga una visera transparente y libre de rayones o deterioros que afecten la visibilidad.
Sea de su talla, se ajuste correctamente a la cabeza y permanezca siempre abrochado durante todo el recorrido.
“La mejor protección no depende del precio del casco, sino de que sea un producto certificado, esté en buenas condiciones y se utilice correctamente. Un casco que ya cumplió su función en un impacto debe reemplazarse, aunque exteriormente parezca estar en perfecto estado”, agregó García.
La normatividad colombiana establece que los cascos comercializados en el país deben cumplir los reglamentos técnicos vigentes, portar la certificación correspondiente y no presentar modificaciones estructurales que comprometan su desempeño, como perforaciones, cortes o adaptaciones. Un avance fundamental en esta materia fue la expedición de la Resolución 1080 de 2019 del Ministerio de Transporte, que estableció los requisitos técnicos para la comercialización de cascos y contribuyó a ampliar significativamente la oferta de productos certificados disponibles para los motociclistas. El desafío ahora es fortalecer las acciones de inspección, vigilancia y control para garantizar el cumplimiento efectivo de la norma en todo el territorio nacional, de manera que todos los cascos que se comercialicen y utilicen en el país cumplan con los estándares de seguridad exigidos y ofrezcan la protección para la cual fueron diseñados.
Como parte de su compromiso con la seguridad vial, Movemos Colombia, iniciativa liderada por la Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI y las principales ensambladoras del país, continúa impulsando acciones de educación y sensibilización para fortalecer una cultura de protección entre los motociclistas. En ese marco, recientemente la Alianza MotoLatam lanzó la campaña regional “Usa casco, cabeza dura”, una iniciativa desarrollada por los gremios y asociaciones de la industria de ocho países de América Latina para promover el uso de cascos certificados, correctamente ajustados y abrochados, así como la importancia de revisarlos periódicamente y reemplazarlos cuando hayan perdido sus condiciones de protección.