Carreteras en Colombia: los desafíos del deterioro y la importancia del mantenimiento preventivo

Las carreteras hacen parte de la vida cotidiana de millones de personas y su estado tiene efectos que van mucho más allá de la comodidad al conducir.

Una vía deteriorada puede aumentar el consumo de combustible, acelerar el desgaste de los vehículos, prolongar los tiempos de desplazamiento y generar mayores costos tanto para los usuarios como para quienes administran la infraestructura.

Frente a este panorama, la ingeniería de pavimentos cumple un papel clave en el diseño, mantenimiento y rehabilitación de las carreteras.

“Analizar las condiciones del suelo, el tránsito, el clima, los materiales y el drenaje permite tomar decisiones orientadas a construir vías más duraderas, anticipar el deterioro y evitar que una falla que hoy parece menor termine convirtiéndose en un problema de mayor alcance”, así lo explicó Diego Fernando Meléndez Suárez, coordinador de la Especialización en Ingeniería en Pavimentos de la Universidad Católica de Colombia, en el marco del Día Mundial de las Carreteras que se celebra cada 11 de octubre.

El costo oculto de transitar por carreteras deterioradas

No existe un costo único por transitar un kilómetro en una carretera en mal estado. Lo que termina pagando cada conductor depende de factores como el tipo de vehículo, las condiciones de la vía, la velocidad, el tráfico, las pendientes, la distancia recorrida y, sobre todo, el nivel de deterioro del pavimento.

El impacto tampoco termina en el gasto de combustible. Los baches, desniveles e irregularidades generan golpes y vibraciones que pueden aumentar el desgaste de las llantas, los rines, la suspensión y la dirección, además de anticipar gastos de mantenimiento y afectar la vida útil de algunos componentes.

En Colombia, este impacto se suma al costo del combustible: desde el 1 de octubre de 2026, la referencia de la gasolina corriente en Bogotá es de $16.377 por galón, mientras que el promedio para las 13 principales ciudades es de aproximadamente $15.933 por galón, según la información citada del Ministerio de Minas y Energía.

A esto se suma el tiempo que se pierde en carretera. Una vía deteriorada puede obligar a reducir la velocidad, frenar con mayor frecuencia o hacer maniobras para evitar baches y otros daños, aumentando la duración de los recorridos.

Ese tiempo también representa un costo, tanto para quienes se movilizan como para el transporte de mercancías.

En otras palabras, “una carretera en mal estado genera un gasto que muchas veces no aparece como un cobro directo, pero termina reflejándose en el combustible, el mantenimiento, el desgaste del vehículo, las reparaciones, la depreciación y las horas adicionales que toma llegar de un punto a otro”, explicó Diego Fernando Meléndez Suárez, coordinador de la Especialización en Ingeniería en Pavimentos de la Universidad Católica de Colombia.

Daños más frecuentes en las carreteras y su impacto en la seguridad vial

En los pavimentos flexibles, los deterioros pueden afectar tanto la capacidad estructural de la carretera como las condiciones de circulación.

Entre los principales daños están las fisuras y grietas, la piel de cocodrilo, los baches, el ahuellamiento, los hundimientos y otras deformaciones, además de la pérdida de textura y la exudación superficial.

No todos estos daños tienen el mismo origen ni evolucionan de la misma manera. Por eso, “su gravedad no debería determinarse únicamente por su apariencia. La evaluación técnica debe considerar su extensión, severidad, ubicación, velocidad de evolución y relación con posibles fallas en las capas del pavimento o en el drenaje”, precisó Diego Fernando Meléndez Suárez, coordinador de la Especialización en Ingeniería en Pavimentos de la Universidad Católica de Colombia.

Las fisuras y grietas requieren seguimiento porque pueden facilitar la entrada de agua hacia las capas inferiores y contribuir a la progresión del deterioro.

De igual manera, los hundimientos y deformaciones pueden estar relacionados con problemas en las capas inferiores, pérdida de capacidad de soporte de la subrasante, deficiencias constructivas o condiciones inadecuadas de drenaje.

En estos casos, reparar solamente la superficie puede resultar insuficiente si antes no se identifica la causa del deterioro.

Desde el punto de vista estructural, requieren atención las fallas por fatiga, la piel de cocodrilo, los hundimientos y las deformaciones que puedan indicar pérdida de capacidad en las capas inferiores.

Mientras que, desde la seguridad vial, la atención se concentra en baches de severidad relevante, deformaciones pronunciadas, superficies con baja fricción y ahuellamientos que favorezcan la acumulación de agua.

Mantenimiento preventivo: la clave para evitar mayores costos por el deterioro de las carreteras

Ante este contexto, el mantenimiento preventivo es importante porque el deterioro de un pavimento no evoluciona de manera lineal ni requiere el mismo nivel de inversión en todas sus etapas.

“Cuando la estructura conserva una condición adecuada y los daños son incipientes, pueden aplicarse intervenciones de preservación como sellado de fisuras, tratamientos superficiales, capas delgadas, reparación localizada y mantenimiento de los sistemas de drenaje”, comentó Diego Fernando Meléndez Suárez, coordinador de la Especialización en Ingeniería en Pavimentos de la Universidad Católica de Colombia.

Estas actividades buscan controlar los mecanismos de deterioro antes de que comprometan las capas estructurales.

Si la intervención se posterga y el daño continúa avanzando, las acciones superficiales pueden dejar de ser suficientes y dar paso a trabajos de mayor alcance, como el fresado y reposición de capas, la rehabilitación estructural o la reconstrucción.

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