El baúl del recuerdo del sí de Williams a Montoya

(21 de septiembre de 2000) Se acabó la espera. El día llegó. Hoy, en Indianápolis, Frank Williams y Chip Ganassi oficializarán el paso de Juan Pablo Montoya a la escudería Williams de la Fórmula Uno para la temporada 2001.
El sueño se convirtió en realidad y las palabras de Juan Pablo “quiero llegar a la Fórmula Uno”, dichas con seguridad cuando apenas era un pequeñín, dejaron de ser simples ilusiones. La puerta de entrada a la máxima categoría mundial se abrió de par en par, después de un largo y sinuoso camino.

La relación entre Juan Pablo Montoya y Frank Williams comenzó antes de lo imaginado. Las actuaciones del colombiano en la Vauxhall Lotus, la Fórmula 3 inglesa y la Fórmula 3.000 habían despertado la atención del propietario de la escudería inglesa y en especial de su hijo Johnatan, que tuvo como misión especial seguir las huellas del volante nacional.

Sus informaciones obraron parte del milagro. El primer gran acercamiento entre Williams y Montoya se dio el 15 de julio de 1997, en una tarde fría en Oxford (Inglaterra), sede del equipo británico. Como siempre, Juan Pablo estuvo acompañado por su padre, quien prefirió esperarlo en el parqueadero. Ese día estrenó corbata y dejó a un lado los jeans, su prenda predilecta.

Estuvo tranquilo, calmado. El primer diálogo entre estos dos hombres del mundo de la velocidad fue corto (duró 35 minutos) y la pregunta le hizo Williams al bogotano fue: ¿Usted habla inglés? A lo que Juan Pablo contestó que “sí”.

Ese mismo día, Juan Pablo le manifestó a su interlocutor que “mi aspiración es ser piloto de Fórmula Uno”. A Montoya le pareció que Williams era un tipo “fresco y sencillo”, mientras que el británico quedó impresionado por la personalidad del jovencito suramericano. Tanto, que fue citado para un test en Barcelona, los días 1 y 2 de diciembre, junto con el brasileño Max Wilson y los franceses Soheil Ayari y Nicolás Minassian.
Juan Pablo fue el que más rindió, pero el dinero que respaldaba a Max Wilson pesó y los dos fueron llamados a una nueva prueba en La Castellet (Francia), la cual cumplieron el 18 de diciembre.

Cuatro días más tarde, un fax del equipo, firmado por el ingeniero James Robinson, llegó a la oficina de Pablo Montoya, en Bogotá, para comunicarle que Juan Pablo había sido seleccionado como piloto de pruebas del equipo, al igual que Max Wilson. Una decisión salomónica, que sin embargo le dio la posibilidad a Montoya de conocer de cerca la escudería.

“Cuando me paré enfrente del carro y vi mi nombre y la bandera de Colombia, sentí una sensación muy chévere”, afirmó Montoya, visiblemente emocionado en esa oportunidad.

En 1998, Juan Pablo ofició como piloto de pruebas de Williams y al mismo tiempo compitió en la Fórmula 3.000, de la cual saldría campeón, resultado que abrió las esperanzas de una contratación.
Sin embargo, la llegada del alemán Ralf Schumacher al equipo, que se dio en parte porque BMW le proporcionaría los motores a partir de 2000 y por una recomendación de su hermano Michael, hizo las cosas más complicadas. El anuncio del segundo cupo tardó en llegar. La noticia de que el italiano Álex Zanardi, bicampeón de la Cart, ocuparía el puesto, se dio el 22 de septiembre del 98 y cayó como un baldado de agua fría en el país.

Juan Pablo sintió el golpe y llegó a pensar que su sueño se estaba desmoronando. Pero la vida le tenía reservada una gran oportunidad. Frank Williams no quiso romper el cordón umbilical que los unía y realizó una negociación con Chip Ganassi, expatrón de Zanardi. Le cedió al colombiano por tres años, pero con la condición de que después de ese tiempo la primera opción sería para él.

Montoya se fue para los Estados Unidos, donde tenían como referencia sus actuaciones en la Barber Saab en el 94, categoría en la que debutó con una victoria en las calles de Miami y en la que terminó en la tercera posición. El colombiano llegó sin hacer mucho ruido y terminó siendo la sensación. Ganó siete carreras y marcó siete poles, una marca difícil de olvidar.

La ilusión de llegar a la F-1 regresó, pero nuevamente hubo un obstáculo en el camino, representado en el inglés Jenson Button, joven de 20 años y, lo más importante, nacido en Inglaterra. A Montoya, a quien lo unía un contrato por tres años con Chip Ganssi, no le quedó más remedio que repetir, aunque en su mente seguía repicando la F-1. Montoya ganó las 500 Millas de Indianápolis y sus acciones subieron. Frank Williams, quien se había equivocado en el pasado con Zanardi, quería volver a contar con el colombiano.

No fue una decisión fácil. Para ello tuvo que desprenderse de Jenson Button, un muchacho querido y respetado en su país. Fue el primer gran paso. Hoy se dará el segundo y definitivo en Indianápolis, una pista en la que Juan Pablo Montoya, que ayer cumplió 25 años, dejó su huella de campeón…

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