Juan Carlos López, nuevo C.M.O.(Chief Marketing Officer ) del Grupo Vardí

.El Grupo Vardí organización encargada en Colombia de las marcas de automóviles Nissan, Changan, Chery , las marcas de maquinaria agrícola e industrial New Holland, la marca española de Bicicletas Orbea, así como empresas de seguros y la red de concesionarios de autos usados Vardí Autos Usados, ha promovido a Juan Carlos López como el nuevo CMO (Chief Marketing Officer) corporativo del grupo.

Juan Carlos López con estudios de M.B.A, mercadeo e ingeniería Industrial de la Universidad de los Andes, ha desempeñado un papel fundamental en la industria por más de 10 años, destacándose especialmente en su rol como Gerente de Mercadeo en la Distribuidora Nissan en Colombia. Durante su tiempo en Nissan, López fué el encargado de lanzar al mercado modelos de amplio éxito en Colombia como las SUV Nissan Kicks, Nissan Xtrail e- POWER, y de varios automóviles como el Nissan March, Nissan Leaf, así como un sinnúmero de campañas publicitarias y digitales de la marca en el país.

Con su nombramiento como CMO del Grupo Vardí, López asume el desafío de impulsar el crecimiento y posicionamiento del grupo, de las distintas marcas que lo conforman, así como maximizar los niveles de satisfacción de los clientes del grupo y desarrollar modelos de experiencia de clientes (Customer experience) así como innovación en todas las áreas de la empresa.

En próximos días la organización dará a conocer el nombre y perfil del nuevo encargado de la publicidad y el mercadeo de la marca Nissan en Colombia.

Grupo Vardí en Colombia

El Grupo Vardí es una empresa a nivel mundial diversificada que se enfoca en la movilidad y productividad a través de la distribución y venta de vehículos, maquinaria y servicios conexos. La compañía maneja varias marcas automotrices en Colombia, incluyendo Nissan, Mazda, Chery, Changan y otras, además de ofrecer servicios de postventa, repuestos, financiación y seguros .

Juan Carlos López, el ‘maestro’ de Nissan

Si en unos cuantos años los viajeros del mundo se encuentran en cualquier lugar de este planeta con un hombre de figura menuda y pelo cano, con una mirada profunda y tranquilizadora, y de su voz salen las palabras “vaya con Dios”, quizás la vida les esté dando la oportunidad de conocer a Juan Carlos López, quien en la actualidad es el gerente de mercadeo de Nissan en el país y uno de los encargados de llevar a la marca japonesa al primer lugar entre los importadores.

Y bien podría ser así, porque eso es lo que se proyecta en la pantalla mental de este Ingeniero Industrial de la Universidad de Los Andes que, contrario a lo que muchos podrían pensar, es una persona que ha entendido que lo espiritual está por encima de lo material y que el mundo está lleno de cosas simples y significativas.

A simple vista, Juan Carlos parece ser una persona esquemática, amante de los procesos, como le enseñaron en su carrera, pero no es así, pues si bien su paso por las aulas fue bien importante para convertirse en un gran profesional, lo que más lo ha enriquecido es su espíritu “mochilero”, como el mismo lo llama, el cual ha forjado su carácter y personalidad.

Este bogotano, de padre antioqueño y madre con sangre boyacense y santandereana, nació para grandes cosas y tuvo en la lectura un refugio que amplió su mente, pues expresa que “la literatura fue mágica y me trasportó a otras culturas y a otros mundos, además de trasladarme el ‘virus’ por conocer gente de otros lugares”, algo que tuvo la fortuna de vivir con sus padres, quienes con su Renault-4 recorrieron casi todo el país.

Nunca soñó con llegar al sector automotor y si bien acompañaba a su progenitor en el mantenimiento de su vehículo y se hizo popular entre sus amigos cuando le regalaron un Topolino de color amarillo para ir a la universidad, que a la postre se convirtió en el carro de todos, Juan Carlos López quería volar.
Aunque era juicioso en su carrera, la cual empezó a cursar cuando tenía 16 años, su espíritu libre le decía que había algo que no lo llenaba plenamente y quizás por eso los estudiantes de artes y humanidades, más no los de ingeniería, terminaron siendo sus amigos y con ellos comenzó a visitar aquellos lugares que dicen están cargados de energía y a hablar de temas trascendentales y profundos, pero sin apartarse de los números, su otra pasión.

En un acto de rebeldía se dejó crecer el pelo y convencer de un amigo para recorrer Suramérica en bus, dejándose llevar por el viento, sin planear, sin calcular, como lo dictaba su carrera. Este viaje le abrió la mente aún más e incluso se matriculó, al mismo tiempo, en la facultad de Antrapología, pero a su padre no le era fácil apoyarlo en dos carreras y por eso quedó a mitad de camino. Además, porque el mundo laboral y la independencia apareció en su visual.

“Empecé a trabajar en Davivienda haciendo mi práctica empresarial en organización de métodos y después me contrataron en mercadeo. En ese momento se estaba dando el auge de las tarjetas de crédito y creación de planes. Creé una tarjeta para Office Depot, que en ese entonces pertenecía al Grupo Bolívar, y les gustó tanto que me llevaron a trabajar con ellos. Era una empresa muy abierta y creativa y eso también me motivó para hacer mi especialización en mercadeo”, recuerda.

El destino, en consecuencia, seguía obrando a su favor y sin pensarlo, comenzó a transitar por el camino del éxito. No obstante, el mismo le tenía reservada una nueva parada, llena de experiencias y aprendizajes, dura si se quiere, pero que con el tiempo ha cobrado un gran valor. “Mi amigo con el que viajé a Perú se fue para Londres y me empezó a tentar. Me decía: ‘véngase que esto es un paraíso, con mujeres muy lindas. Esto es otro mundo y la capital del planeta tierra’. Ante estas palabras pedí vacaciones y de verdad me encontré con el mundo en una sola ciudad, así que renuncié y me quedé”.

Pero no fue fácil, ya que el dinero comenzó a escasear y mantenerse en Europa era costoso. “Empecé a estudiar cursos e inglés de negocios para mantener mi visa y también a acudir a oficinas para buscar trabajo en las horas que me era permitido (40 en total). Visité oficinas y creía que mis estudios en Los Andes con especialización eran credenciales suficientes, pero siempre me encontraba con una fila interminable de ingleses que tenía prioridad. Ya después les decía que así fuera sacando fotocopias, pero tampoco. Incluso intenté de mesero, pero la competencia era muy grande. Hasta que llegué a un bar de un escocés, al que no le entendía nada. Fui con un paisa que había llegado a Londres y una amiga les dio nuestro número para que lo ayudáramos y recuerdo que me decía: ‘decíle que somos refugiados y que necesitamos ayuda’”.

Quizás eso lo conmovió y les dio un puesto en la cocina lavando platos. Y allí, en el sótano, en medio del sopor, con una camisa y una sudadera que nadaban en su cuerpo y ante un chef árabe que lo estigmatizaba, diciéndole ‘Pablo Escobar, voy a robar comida para ti”, Juan Carlos entendió que no todo en la vida era color de rosa. No obstante, su constancia y paciencia hizo que el dueño del bar lo ascendiera y le permitiera recoger vasos. “El escocés vio que yo era bueno y yo veía que se quedaba en la noche y no le cuadraba la caja, así que me ofrecí a ayudarle y a mejorar los procesos, porque veía como los meseros desperdiciaban el vino y cosas así. Me gané su confianza y llegué a ser empleado del mes y cajero”, recuerda con satisfacción.

Pero algo en su interior le decía que tenía que regresar a Colombia y su intuición no le falló, porque a los pocos días falleció su padre. Claro está que antes de regresar fue contratado por Sony Music, pero no como ejecutivo, sino como repartidor en las madrugadas de los CD de moda de las principales estrellas del momento, y tuvo una nueva parada en la India, en uno de los viajes más edificantes de su vida.
“Allí viví una verdadera explosión interna, pues aprendí mucho, porque en ese país a pesar de la pobreza la gente no siente lástima de sí misma. Tienen una bondad maravillosa y la persona que más se quiere y se valora no es la que más dinero tiene en su cuenta sino quien es un buen ser humano. Fue algo enriquecedor y siempre recuerdo dos momentos especiales. Uno de un joven que dormía debajo de las escaleras de un hostal e irradiaba felicidad, y otro el de una bella joven en Bombay, sin un brazo, que puso una flor en mi hombro y que me regaló una gran sonrisa y me llenó de tranquilidad, a pesar de que no pude darle nada”.

Tras dos años y medio por fuera regresó a la realidad y de inmediato, pese al dolor de la desaparición de su padre, comenzó a trabajar en el ramo de Textiles, en Protela, en el tema industrial, y de ahí pasó a Representaciones Continental, que comercializaba Aguardiente Néctar, donde tenía que hacer prueba de producto e investigación de mercado hasta ser nombrado como gerente de mercadeo, experiencia que le sirvió para ser tenido en cuenta por la mexicana Cemex, en la que se desempeñó como Gerente de Mercadeo y Desarrollo Comercial para Centroamérica y el Caribe.

Toda esa experiencia fue fundamental para que una empresa ‘cazadora de talentos’ lo recomendara para Nissan. Aunque en un principio no le llamó la atención y cumplió los procesos más por reto que por convicción, la entrevista con el ingeniero Enrique Vargas, el gerente de Dinissan en ese entonces (2010), lo cautivó. “Esa charla con él fue maravillosa y me conquistó. De inmediato pensé que con una persona como él trabajaba en cualquier lado, pues me encontré frente a un ser humano muy sincero, sin pretensiones, de mente abierta, que reconocía sus fortalezas y debilidades”
Cuando Juan Carlos López llegó a Dinissan apenas alcanzaban las 300 ventas al mes y se necesitaba un cambio radical. “Recién instalado me llamaron a que contestara una llamada de Enrique Vargas, quien se encontraba en México, y él me dijo que tenía que planear una estrategia de mercado para subir la participación de mercado en un mes. Eso para mí se volvió en un reto y quizás el haberme dado esa confianza fue lo que me conquistó”.

Y lo logró, al punto que en uno de los meses de 2014 lograron cifras históricas, superado las 2.000 unidades, algo que lo llena de orgullo, un éxito que se ha mantenido y que para Juan Carlos se basa en un trabajo “bien juicioso de la gerencia general y el comité. Ha sido una labor abierta y franca, siendo realistas sobre nuestras verdaderas capacidades, dejando en claro qué es lo que queremos de la marca, trabajando con tranquilidad y sin desfallecer. También hay que ser muy responsables con los productos y cómo los podemos posicionar de la mejor manera”.

Se identifica con los valores de Nissan, empresa en la que se pregona la humildad y el respeto por las personas, y lo que más le gusta de la industria automotriz colombiana es que “es muy competida, se mueve bastante y nos obliga a estar reinventándonos continuamente, no hay descanso y es incesante, de grandes retos. Si no fuera así, con seguridad estaría en otro lugar, porque no hay un día que yo no me sienta feliz al ir a trabajar”

Sin proponérselo, Juan Carlos se ha vuelto un consultor de todos los empleados, a quienes intenta darles lo mejor de sí, como lo hizo aquella joven de Bombay, porque “soy una persona sensible que piensa que uno vino a este mundo a evolucionar y a dar. Me siento feliz cuando las cosas funcionan y en instantes en el que 100 personas que trabajan todo para ti hacen que todo funcione, como en el Salón, siento una gran alegría. Hay que ser capaz de mostrarnos tal como somos, de reconocer las equivocaciones y saber cuándo se actúa bien y cuando no. Por eso conmigo trabajar es fácil, pues no soy de los que están pendientes de los horarios, sino de los resultados. Me gusta motivar a las personas dándoles responsabilidades e invitándolas a que arriesguen, pero además reconociendo sus logros frente a los demás”.

Con esta filosofía y con el apoyo de Carlos Caicedo, el nuevo gerente general de Dinissan, “una persona brillante”, Juan Carlos cree que todavía hay posibilidad de “seguir creciendo y de consolidar la operación y la distribución. Estamos en todos los segmentos y eso es importante, somos respetados, pero mi sueño es que Nissan crezca en el corazón de los colombianos y se enamore de ella”.

Eso sí, hace un llamado de alerta al sector, pues “veo una amenaza fuerte de los sectores ajenos al automotor, especialmente con el tema de infraestructura. No hemos sido unidos para expresarnos con fuerza y exigir que se hagan vías. No somos los malos del paseo, lo que se necesita es que haya un desarrollo en el país en este sentido, pues nos sale menos costoso traer un carro desde Japón a Cartagena o Buenaventura, que de esas ciudades a Bogotá. Esta industria pone muchos empleos, pero nosotros no decimos nada y nos quedamos callados”.

Por el momento seguirá compartiendo su tiempo con Dinissan, los paseos en bicicleta, los viajes y el yoga, pero quiere ser como aquel hombre que se encontró en un hostal juvenil en el Perú, un inglés de pelo blanco de 70 años, quien se levantó de su camarote, miró a sus compañeros de habitación a los ojos y les dijo en un español forzado: “Vayan con Dios”.

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